Las alucinaciones de la IA podrían convertirse en una fuente de innovación empresarial

NotiPress

Las alucinaciones de la inteligencia artificial suelen entenderse como un problema que debe corregirse para evitar respuestas imprecisas o decisiones fuera de contexto. Sin embargo, una línea de análisis comienza a emerger alrededor de una pregunta distinta: si esos comportamientos descartados podrían contener patrones capaces de aportar conocimiento útil para mejorar los modelos y fortalecer la toma de decisiones en las organizaciones.

Juan Carlos Lara, Business Transformation Advisor para Latinoamérica de Hyland, plantea que esa posibilidad solo tendría sentido fuera de la operación cotidiana. En actividades reguladas como la banca, la salud o los seguros, los sistemas de IA deben actuar conforme a reglas de negocio, políticas de riesgo y criterios de cumplimiento, por lo que cualquier decisión que se aparte de esos parámetros requiere intervención humana y no puede incorporarse directamente a los procesos.

Esa separación entre operación y análisis abre un espacio para estudiar el comportamiento de los agentes de IA desde otra perspectiva. En lugar de limitarse a registrar que una decisión fue descartada, el análisis podría conservar el contexto en que ocurrió, las condiciones que la originaron y los patrones que se repiten. Ese conocimiento permitiría revisar posteriormente si determinadas respuestas aparentemente erróneas reflejan tendencias, relaciones o hipótesis que merecen una evaluación estratégica, sin convertirlas en acciones operativas. Esta ampliación deriva del mecanismo descrito en la entrevista y no implica que dicho proceso ya exista.

Oportunidad de aprendizaje organizacional

Durante la conversación en un encuentro de Ciudad de México sobre banca y retail, el especialista explicó que actualmente las organizaciones concentran sus esfuerzos en controlar que la inteligencia artificial trabaje dentro de los límites definidos por el negocio y evitar respuestas descontextualizadas o alucinaciones que afecten la operación. Solo después de alcanzar ese nivel de control considera posible explorar una segunda etapa orientada a comprender el comportamiento de los propios modelos.

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El planteamiento también modifica el papel de la supervisión humana. Además de validar excepciones y corregir decisiones fuera de las reglas, las personas podrían revisar de manera sistemática los comportamientos descartados para identificar regularidades que ayuden a ajustar modelos, enriquecer criterios de decisión o detectar oportunidades que no habían sido contempladas durante el diseño inicial.

Para Lara, una organización que logre combinar el control operativo de la inteligencia artificial con un análisis estratégico de esas decisiones inusuales podría generar un valor diferencial. No obstante, reconoce que esa capacidad todavía pertenece al terreno de la exploración y que el desafío inmediato continúa siendo gobernar la IA para que opere de forma confiable dentro de procesos empresariales antes de convertir sus comportamientos atípicos en una nueva fuente de inteligencia.