Un dolor de cabeza repentino puede revelar un aneurisma cerebral

NotiPress

Pocas personas relacionan un dolor de cabeza intenso con una emergencia neurológica capaz de poner en riesgo su vida. Una cefalea repentina, severa o persistente puede aparecer cuando un aneurisma cerebral comienza a filtrar sangre o se rompe.

NotiPress recibió información exclusiva del Hospital Houston Methodist sobre los síntomas, factores de riesgo y medidas de seguimiento relacionadas con esta afección. Los especialistas explicaron que un aneurisma aparece cuando una zona debilitada de un vaso sanguíneo forma una dilatación dentro del cerebro.

Esa alteración puede permanecer estable durante años, crecer lentamente o romperse de manera inesperada. Cuando ocurre una ruptura, la sangre puede acumularse alrededor del cerebro y provocar una hemorragia subaracnoidea, un accidente cerebrovascular o lesiones neurológicas prolongadas.

Diversos investigadores estiman que una de cada 50 personas en Estados Unidos vive con un aneurisma cerebral no roto. La cifra equivale a casi siete millones de habitantes, muchos de ellos sin síntomas perceptibles durante largos periodos.
Señales que pueden aparecer antes de una ruptura

Algunos aneurismas son detectados durante estudios de imagen solicitados por accidentes, lesiones en la cabeza u otras condiciones médicas. Otros generan síntomas cuando la dilatación presiona nervios, tejidos o estructuras cerebrales relacionadas con la visión y el movimiento facial.

Dolores de cabeza persistentes, entumecimiento facial, debilidad, molestias oculares, visión doble, caída de un párpado y dilatación de una pupila figuran entre las señales descritas. La intensidad de estas manifestaciones depende del tamaño, la forma y la ubicación del aneurisma dentro del cerebro.
“He visto pacientes con un párpado caído, visión doble y una pupila dilatada”, describe el Dr. Hoang, “y esas eran señales de un aneurisma grande que estaba comprimiendo uno de los nervios que controla la función del ojo”.

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Pequeñas filtraciones de sangre también pueden causar dolores recurrentes conocidos como cefaleas centinela. Estos episodios pueden presentarse días o semanas antes de una ruptura, aunque no todos los pacientes experimentan señales previas.

La cefalea tipo trueno representa una de las manifestaciones más reconocidas después de una ruptura. Quienes sobreviven suelen describirla como el peor dolor de cabeza de su vida, debido a su intensidad repentina e incapacitante.

Ese dolor puede alcanzar su máxima intensidad en aproximadamente 30 segundos y acompañarse de náuseas, vómitos, rigidez cervical, visión doble o pérdida de conciencia. La sensibilidad a la luz y la somnolencia repentina también pueden aparecer durante este tipo de emergencia neurológica.

Factores de riesgo y vigilancia médica

Antecedentes familiares, consumo de tabaco y presión arterial alta no controlada figuran entre los principales factores relacionados con los aneurismas cerebrales. También pueden influir la aterosclerosis, ciertos trastornos circulatorios, algunas infecciones y determinadas lesiones en la cabeza.

“Los aneurismas pueden variar en tamaño, ubicación y riesgo de ruptura”, explica el Dr. Kurt Yaeger, también neurocirujano en el Hospital Houston Methodist. “No todos los aneurismas necesitan tratamiento; algunos pueden observarse de manera segura. Sin embargo, en general, es más seguro y sencillo tratar aneurismas no rotos, por lo que consultar con un especialista después de un diagnóstico de aneurisma cerebral es muy importante”.

Las personas con dos familiares afectados presentan aproximadamente 20% de probabilidad de tener una predisposición genética. Al menos 17 variantes genéticas están asociadas con aneurismas cerebrales y algunas guardan relación con rupturas múltiples.