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La anorexia nerviosa puede mantener alteraciones en la comunicación entre el cerebro y el intestino incluso después de recuperar peso, según un estudio publicado en JAMA Psychiatry. Investigadores encontraron dificultades persistentes para detectar señales provenientes del sistema digestivo en pacientes consideradas recuperadas desde el punto de vista nutricional.
El trabajo se realizó entre agosto de 2021 y febrero de 2025 en el Laureate Institute for Brain Research, Estados Unidos. La investigación incluyó a 62 mujeres con anorexia nerviosa restrictiva tras restauración de peso y a 57 participantes sanas utilizadas como grupo de comparación.
Durante el experimento, las participantes ingirieron una cápsula vibratoria diseñada para estimular el estómago y otras zonas cercanas del tracto gastrointestinal. Los investigadores evaluaron la capacidad de detectar esas señales, junto con actividad cerebral, respuestas fisiológicas y patrones de aprendizaje relacionados con las sensaciones corporales.
Los resultados mostraron una menor precisión perceptiva entre las pacientes con anorexia al identificar vibraciones de intensidad normal. También registraron una mayor tendencia a pasar por alto esas señales y expectativas más fuertes de no percibir estímulos procedentes del intestino.
Así, el análisis computacional reveló diferencias en la forma de interpretar y actualizar información corporal. Las participantes con anorexia aprendieron con mayor rapidez a partir de la ausencia de señales intestinales y con menor rapidez cuando esas señales estaban presentes, un patrón asociado con expectativas persistentes de no sentirlas.
Las mediciones cerebrales no mostraron diferencias generales frente al grupo de comparación. Sin embargo, los investigadores observaron asociaciones entre la actividad neuronal vinculada al intestino y el desempeño perceptivo de las pacientes con anorexia.
Otro hallazgo relevante surgió en las mediciones de hambre. Tras la estimulación gastrointestinal, las participantes con anorexia registraron incrementos más pronunciados en esa sensación respecto al grupo sano, pese a haber iniciado la prueba con niveles inferiores de hambre reportada.
Por su parte, el estudio señala que estas alteraciones persistieron después de la recuperación de peso y podrían ayudar a explicar por qué muchas personas continúan enfrentando síntomas o recaídas tras completar tratamiento. Los autores concluyeron que las cápsulas mecanosensoriales ofrecen una herramienta no invasiva para estudiar la relación intestino-cerebro y seguir la evolución clínica de los trastornos alimentarios.
