Baby Ríos, el estilista del boxeo salvadoreño

La curiosidad de un adolecente de 17 años de edad, hace más de 60 años, forjó el camino de la leyenda del boxeo salvadoreño Juan Antonio “Baby” Liévano Ríos, quien a sus 84 años se retira como entrenador de la Federación Salvadoreña de Boxeo (Fesalbox).

“Baby” Ríos, como es conocido en el mundo del boxeo nacional, es un legendario pugilista que comenzó su carrera deportiva en 1960 en la categoría peso gallo, dos años después de su debut se coronó campeón amateur y en 1964 dio el saltó al boxeo profesional, logrando el título en 1966.

Ríos fue atleta durante 14 años y a partir de 1988 comenzó su camino como entrenador. El gimnasio Libertad, ubicado en San Salvador en los años 60, fue el escenario que lo catapultó al mundo del boxeo, un sitio al que llegó por casualidad, manifestó el ex entrenador.

“El día que decidí subirme a un ring veníamos de nadar en las piscinas públicas de La Chacra, pasamos por un gimnasio llamado Libertad, en donde uno de los entrenadores de esa época al verme en la entrada del lugar me preguntó si lo que estaba observando me gustaba, le dije que sí y a partir de ese día mi vida cambió”, explicó Ríos.

Eso sí, en los primeros triunfos que alcanzó como pugilista amateur le entregaron como premios unos souvenirs, pero eran pagos que disfrutaba al final de la pelea, comentó Baby Ríos.

“Tengo que recordar que en mis peleas de novato me tocaba boxear cada semana, cuando ganaba me daban una camisa o cualquier otra prenda de vestir, premios que me llenaban de alegría. En ese momento ya me gustaba que me pegaran y pegar también”, aseguró el pugilista.

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Es de mencionar que las características principales del “Baby” al momento de boxear eran sus rápidos y estilizados movimientos en el cuadrilátero y un “uppercut” potente que dejaba sin respuesta a sus rivales, técnicas que fueron enseñadas por sus entrenadores “Ratón” Samayoa y el “Kin Alambre”, como él mismo los recuerda.

“Mis movimientos en el ring me permitieron ganar varias peleas, me decían ‘El Estilista’ del boxeo nacional. Siempre trate de evitar la mayor cantidad de golpes en la cabeza y uno de mis fuertes a la hora de pegar era el gancho al hígado, poyete con mi puño derecho”, dijo Ríos.

En cuanto a las peleas que más recuerda, el veterano pugilista mencionó dos como las más memorables de su carrera. Una, contra Rodolfo “Pato” Fuentes, ante quien cayó por nocáut en el noveno round de una pelea pactada a 12 y la otra, contra la “Cobra” Chávez.

“Mis primeras peleas oficiales fueron en la Arena Metropolitana. Una vez me enfrenté a un boxeador conocido como la ‘Cobra’ Chávez a quien derroté; y pelea que me acuerdo bien fue ante Pato Fuentes, él me noqueó a tres rounds del final del combate y me dejó preguntando cómo habíamos quedado, fue algo duro. La sensación que me daba al principio era una tembladera en las piernas porque no sabía cómo me iba a ir, intentando poner en práctica lo que mis entrenadores me decían”, explicó Juan Antonio.

Cabe destacar que su carrera deportiva no hubiese sido la misma sin el respaldo de su más grande admiradora y fan, su madre Zoila Ríos.

“En ese tiempo vivía mi madre, quien siempre me decía: ‘¿cómo es posible que te dediques a eso de recibir golpes?’, pero en cada pelea que tenía ella era la primera en llegar; a mi me tocaba la estelar a las 9:00 de la noche y mi madre estaba ahí desde las 5:00 de la tarde”, contó Juan.

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Pero el deporte que lo hizo popular no fue heredado por sus hijos, pero sí uno de ellos lo hace desde fuera del ring. Se trata de William Liévano, quien se desempeña como juez internacional de la Federación Salvadoreña de Boxeo.

“De mis hijos a ninguno le gustó el tener que pelear, pero sí hay uno que lo hace desde fuera del cuadrilátero, es juez internacional y le gusta hacer ese trabajo. Cuando le dije que porqué no intentaba pelear, me dijo que era un deporte poco atractivo para practicarlo”, expresó el ex pugilista.

En su paso como entrenador, dirigió a pugilistas como William Rodríguez, Ricardo “Diamante” Cortez, Abdul Rivera, entre otros peleadores que lo recuerdan con mucho cariño.