HEDER…

Poeta Alexander Campos

(Yo hiedo, tú hiedes, él hiede, nosotros hedemos, vosotros hedéis, ellos hieden)…
Somos, sin duda alguna, permanente hedentina para el mundo, oscura fetidez, exacta pestilencia, descomunal tufo, hediondez perenne, incombatible peste, desagradable olor, interminable vaho y deshonrosa miasma, agigantada sentina y fuente de inagotable hircismo.
Tufo por todos lados que quieran agarrarnos, aunque intentemos disimularlo tomando cientos de medidas para atacarlo se vuelve casi imposible apaciguarlo; las medidas de higiene logran muy poco su cometido de eliminación, sólo basta un par de horas para volver al mismo estado de putrefacción.


Recurramos a algunas partes del cuerpo para poder graficar esta atrevida opinión de forma más exacta: el cuero cabelludo, la sangre, las secreciones nasales, el aliento, la saliva, la cera de los oídos, la parte trasera de las orejas, el sudor corporal, las axilas, las rendijas de los dedos, de los dientes y las muelas, los órganos genitales, los pliegues y los encajes del cuerpo, los ventosos, la entre nalga y hasta el más altivo ano, sin dejar pasar de lado las urgidas sustancias cadavericas que emanamos cuando nos morimos.


El hedor físico, en cierto modo se disimula, más no se puede tapar de ningún modo, ni con las más excelsas esencias, ni con lujosas fragancias, ni perfumes exquisitos, ni con enjuagues costosos, ni con jabones finísimos, pero al fin y al cabo se oculta un poco la permanente combustión desagradable de transpiración constante, pero aquí no acaba todo.


Existe otro tipo de emanaciones grotescas, de sobra desagradables que no se ocultan con nada, ni por nada, tarde o temprano salen a flote, son las que van en el alma de los seres insensatos o canallas, de los seres descorteses, dementes y desquiciados, de los estúpidos, de los tontos, de los vasallos, innobles e innobles; es un tipo de hedentina y podredumbre, podredura o pudrición que no se ligra esconder, tarde o temprano sale a flote, vamos a poner ejemplos para no quedarnos cortos: la vanidad, la arrogancia, la deslealtad, la deshonra, la vanidad, el orgullo, la desfachatez, la gula, la mentira, la lujuria, la falsedad, la miseria, la avaricia, la ruindad, la codicia, el deshonor, la soberbia, la indecencia y la pereza; toda forma de amedrentamiento y supresión, de pedantería e insolencia, de descaro y grosería, de imposición y de robo, de lo burdo y corrupción (casi en su totalidad las sociedades del mundo tiene sectores que actúan en sentido equivocado a lo correcto: la justicia y lo honorable se vulnera, se pisotea y se mata, truncando los ideales más hermosos de la vida de los nobles ciudadanos).

  KATY KEENE


Todos estos desconciertos fundamentan la burda cadena, la desnatural cloaca de desprestigio y de rabia, de ferocidad e infamia.


Son los defectos que brotan de la falta de formación en la conciencia, de la malcriadez del ser, de su mala educación, de la visible carencia de la escala de valores, de su moral y de su ética, de la negación primaria de reconocer quien soy, quien eres, quienes son o quiénes somos, donde quiero, quieren, queremos llegar, a que mundo pertenezco, perteneces, pertenecen, pertenecemos y como debo, debes, deben o debemos de actuar en este florido y decoroso universo que llamo, llamas, llaman o llamamos vida, existencia, aliento.