NotiPress
En una época donde la automatización nos quita cada vez más la responsabilidad de recordar datos, la memoria parece ser un músculo que estamos olvidando ejercitar. Es a partir de este problema que muchos especialistas buscan soluciones que logren salvar esta capacidad. Entre ellos, un grupo de investigadores ven en una actividad cotidiana y ancestral una forma de mantener activa la memoria.
Según una investigación de la Universidad de Mississippi, la narración de historias podría desempeñar un papel clave en la forma en que las personas recuerdan información. El estudio descubrió que crear relatos con datos o palabras puede mejorar la memoria tanto como algunas de las técnicas mnemotécnicas más conocidas.
De acuerdo con el estudio publicado en la revista Evolutionary Psychology, los investigadores evaluaron si la narración podía servir como estrategia para reforzar la memoria. Los resultados mostraron que construir historias con palabras o conceptos ayuda a recordarlos con la misma eficacia que métodos ampliamente utilizados en psicología cognitiva.
El proyecto fue dirigido por Matthew Reysen, profesor asociado de psicología en la Universidad de Mississippi, junto con Zoe Fischer, estudiante de doctorado en psicología experimental. Ambos analizaron cómo la narración se compara con el llamado procesamiento de supervivencia, considerado uno de los métodos más efectivos para mejorar la memoria.
“La gente ha utilizado historias para comunicar información desde que comenzaron a transmitirla de persona a persona, (…) pero no había mucha literatura sobre la narración de cuentos como método para mejorar la memoria”, explicó Reysen.
Durante el experimento, más de 380 participantes realizaron distintas pruebas de memorización. En una de ellas se les pidió elegir entre 20 y 30 sustantivos sin relación entre sí y construir una historia que los incluyera. Otros participantes utilizaron métodos como el procesamiento de supervivencia o el procesamiento de agradabilidad.
El procesamiento de supervivencia consiste en relacionar cada palabra con una situación hipotética en la que la persona debe sobrevivir en un entorno natural sin recursos. Este ejercicio genera asociaciones más profundas con la información, lo que suele facilitar su recuerdo posterior.
Otra técnica común es el procesamiento de agradabilidad, que pide a los participantes evaluar si las palabras les resultan agradables o desagradables. Reflexionar sobre el significado o las connotaciones emocionales de un término también puede fortalecer la memoria.
Los resultados mostraron que quienes crearon una historia recordaron más palabras que quienes utilizaron el procesamiento de agradabilidad. Además, su desempeño fue similar o incluso superior al de quienes emplearon el procesamiento de supervivencia.
“Nuestro resultado fue que contar historias era tan efectivo como procesar información para la supervivencia, e incluso mejor que la popular técnica de supervivencia en los casos en que las personas escribieron sus relatos”, afirmó Reysen. “La conclusión general es que, al igual que ocurre con el procesamiento para la supervivencia, la memoria podría tener una conexión evolutiva con la narración de historias”.
La investigadora Zoe Fischer señaló que los hallazgos también coinciden con prácticas habituales en la enseñanza. Muchos profesores utilizan historias en sus clases para captar la atención de los estudiantes y facilitar la comprensión.
“Esto es algo que escuchamos a menudo, ¿verdad?”, comentó Fischer. “Hace poco presenté una ponencia en una conferencia, y muchos profesores se me acercaron después y me dijeron: ‘Cuento historias durante mis clases porque es entretenido y más interesante, y a la gente le suele encantar’”.
Fischer agregó que los resultados ofrecen evidencia científica que respalda esa práctica. “Es maravilloso comprobar que hay pruebas de que esto les ayuda a recordar aún mejor la información. Ahora sabemos que no solo es entretenido para ellos, sino también útil”.
Los investigadores también probaron combinar la narración con el procesamiento de supervivencia. Sin embargo, esta combinación no produjo mejoras significativas en la retención.
“Uno pensaría que, si ambas cosas funcionan por separado, funcionarían aún mejor juntas”, explicó Fischer. “Pero lo que esto nos indica es que, en el fondo, estos dos sistemas tienen el mismo tipo de función cognitiva”.
De acuerdo con el estudio, tanto la narración como el procesamiento de supervivencia pueden apoyarse en mecanismos cognitivos similares. Entre ellos se encuentra el procesamiento relacional, que permite recordar información al establecer conexiones entre distintos conceptos.
La investigación sugiere que esta capacidad podría tener raíces evolutivas. Antes de la escritura, las sociedades humanas transmitían conocimiento principalmente a través de historias, lo que habría favorecido una memoria adaptada a ese formato.
“Antes incluso de que la gente empezara a escribir, utilizaban historias para comunicar información”, afirmó Reysen. “Por lo tanto, desde una perspectiva evolutiva, me parece lógico que seamos mejores recordando historias, que la mente proporcione una especie de marco o estructura interna para incluir la información, organizándola y facilitando su recuperación”.
