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El colapso del sistema eléctrico volvió a colocar a Cuba en el centro de la atención internacional tras dejar a millones de personas sin suministro en gran parte de la isla. El incidente profundiza una crisis energética persistente y reaviva interrogantes sobre el rol que podrían asumir actores externos, especialmente Estados Unidos, ante el deterioro sostenido de la infraestructura y las condiciones de vida en la isla.
La interrupción del servicio se registró el miércoles 4 de marzo de 2026 y afectó aproximadamente dos tercios del país, incluida La Habana. La estatal Unión Eléctrica (UNE) informó que la falla ocurrió tras una avería en la central termoeléctrica Antonio Guiteras, ubicada en la provincia de Matanzas.
“Se produjo una desconexión del Sistema Electroenergético Nacional desde Camagüey (este) hasta Pinar del Río (oeste). Ya se encuentran activados todos los protocolos para el restablecimiento del SEN”, informó la UNE en redes sociales. El incidente se generó a las 12:41 hora local por “un salidero en la caldera”, lo que provocó la salida repentina de esta planta clave.
Tres horas después, apenas un 2,5% de los clientes en La Habana contaban con electricidad. Además del corte de luz, el país enfrentó la suspensión total de telecomunicaciones, incluyendo telefonía móvil, fija y la señal de radio y televisión nacional.
El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, escribió: “Trabajamos en el restablecimiento del SEN en medio de una compleja situación energética”. También se activaron centrales alternativas como Felton 1 y la planta ENERGAS de Boca de Jaruco, según informes oficiales.
Sectores clave como salud, transporte y turismo funcionan actualmente bajo medidas de contingencia para enfrentar el impacto del apagón. Air France anunció la suspensión de vuelos hacia La Habana desde marzo hasta junio, debido a la escasez de combustible. Otras aerolíneas ya habían cancelado operaciones en semanas previas.
Desde enero, no ingresó a Cuba ningún tanquero de petróleo, lo que obligó al Gobierno a suspender la venta de diésel y aplicar racionamientos. La Embajada de Estados Unidos en Cuba recomendó a los residentes prepararse ante “interrupciones significativas” y conservar combustible, alimentos, agua y baterías. También advirtió que “la red eléctrica nacional es cada vez más inestable”.
A pesar de que el apagón fue causado por una falla técnica, la persistente escasez de combustible es atribuida por las autoridades cubanas al “asedio petrolero de Estados Unidos”. El gobierno de La Habana acusa a Washington de mantener una “asfixia energética”, mientras economistas independientes subrayan la falta de inversión como factor estructural.
Estas condiciones renovaron discusiones sobre si la situación energética y humanitaria podría escalar hasta requerir una respuesta más directa del gobierno estadounidense. Si bien no existe indicio oficial de una intervención inminente, la creciente inestabilidad interna y el impacto regional del colapso energético reabrieron el debate sobre los posibles escenarios futuros.
