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El daraxonrasib se convirtió en una nueva opción terapéutica para adultos con adenocarcinoma pancreático metastásico, una forma agresiva y avanzada de cáncer de páncreas, después de que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) autorizara su uso en pacientes previamente tratados. El medicamento está dirigido a personas que ya recibieron al menos un tratamiento sistémico o que no pueden acceder a esquemas combinados.
Daraxonrasib, desarrollado por Revolution Medicines bajo el nombre comercial Rasonque, se administra por vía oral una vez al día. Su mecanismo está dirigido contra múltiples variantes de la proteína RAS, una vía implicada en el crecimiento tumoral y cuyas alteraciones están presentes en la mayoría de estos tumores.
Según la FDA, la autorización se sustentó en un ensayo clínico aleatorizado, multicéntrico y abierto que incluyó a 500 adultos previamente tratados. Los resultados mostraron una mediana de supervivencia global de 13,2 meses entre quienes recibieron daraxonrasib, frente a 6,7 meses con quimioterapia estándar.
Además, el organismo informó que la revisión regulatoria concluyó 6,5 meses antes de la fecha límite prevista. Kyle Diamantas, comisionado interino de la FDA, señaló que la aprobación incorpora una alternativa para pacientes con un cáncer difícil de tratar. Angelo de Claro, director del Centro de Excelencia Oncológica de la agencia, destacó los resultados obtenidos en un área caracterizada por una alta necesidad médica no cubierta.
En mayo, los datos del estudio ya habían generado expectativas cuando fueron presentados durante la reunión anual de la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica (ASCO), en Chicago. The New York Times destacó posteriormente que la autorización representa la llegada del primer medicamento de este tipo para el cáncer de páncreas metastásico.
De acuerdo con el Hospital Houston Methodist, el enocarcinoma pancreático metastásico es la etapa más avanzada (Estadio IV) del tipo de cáncer de páncreas más común, caracterizado por la propagación de las células malignas desde su origen en los conductos pancreáticos hacia órganos y tejidos distantes a través del torrente sanguíneo o el sistema linfático.
Aunque el tratamiento no constituye una cura, mostró una prolongación de la supervivencia en una enfermedad con pocas alternativas efectivas. El mismo diario señaló que algunos participantes de ensayos clínicos llevan años respondiendo al fármaco, un antecedente que incrementó las expectativas en torno a su utilización.
Por su parte, el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos estima que entre 90% y 95% de los cerca de 67.000 nuevos casos anuales de cáncer de páncreas en ese país corresponden a adenocarcinoma pancreático. La elevada mortalidad asociada a esta enfermedad se relaciona con su detección tardía y con la limitada disponibilidad histórica de tratamientos eficaces.
