Peces dorados liberados en lagos reducen claridad del agua y especies nativas

NotiPress

Liberar peces dorados en lagos, estanques o ríos puede alterar la calidad del agua y afectar especies nativas en ecosistemas de agua dulce. Un estudio experimental realizado por investigadores de la Universidad de Toledo y la Universidad de Missouri documentó cambios ecológicos asociados con la presencia de esta especie ornamental.

La investigación fue publicada en 2026 en Journal of Animal Ecology bajo el título “Los peces dorados invasores provocan un cambio de régimen en ecosistemas lacustres experimentales con distintos estados tróficos”. El trabajo analizó el comportamiento del pez dorado, cuyo nombre científico es Carassius auratus, en mesocosmos al aire libre diseñados para simular condiciones reales de lagos.

El experimento evaluó ecosistemas con aguas oligotróficas, pobres en nutrientes, y eutróficas, ricas en nitrógeno y fósforo. Los investigadores introdujeron peces dorados en distintas densidades y compararon los resultados con escenarios donde había peces nativos de Norteamérica o grupos de control sin peces dorados.

Durante 61 días, el equipo midió cambios en claridad del agua, partículas suspendidas, fitoplancton, algas filamentosas, invertebrados y condición corporal de peces nativos. El diseño permitió separar los efectos atribuibles a los peces dorados de los cambios derivados solo del aumento total de peces en el sistema.

Los resultados mostraron deterioro rápido en ambientes ricos en nutrientes. En esas condiciones, los peces dorados incrementaron los sólidos suspendidos y redujeron la claridad del agua, debido a su conducta de alimentación en el fondo, donde remueven sedimentos, lodo y arena.

El estudio también encontró afectaciones sobre organismos pequeños que sostienen la cadena alimentaria acuática. Caracoles, anfípodos y zooplancton disminuyeron por consumo directo y pérdida de hábitat, mientras peces nativos mostraron menor condición corporal al competir por alimento y recursos.

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Los cambios más severos fueron asociados directamente con la presencia del pez dorado. Aunque algunas variaciones en comunidades vegetales se relacionaron con la densidad total de peces, el daño ecológico más importante se atribuyó a la especie invasora, según el reporte de la Universidad de Missouri.

El equipo describió el fenómeno como un cambio de régimen, término usado cuando un ecosistema supera un umbral y se reorganiza hacia un estado distinto. La Universidad de Toledo indicó que estos cambios suelen ser difíciles y costosos de revertir una vez establecidos.

El riesgo no se limita a un solo tipo de lago. Los investigadores observaron efectos en aguas pobres y ricas en nutrientes, aunque el deterioro de la claridad fue más evidente en condiciones eutróficas. Por ello, el estudio señala que pocos ecosistemas de agua dulce pueden considerarse inmunes a su presencia.


“Queremos que más gente sepa que las criaturas que tienen como mascotas pueden dañar los ecosistemas de agua dulce. Incluso si se liberan peces dorados en la naturaleza con buenas intenciones, podrían convertirse en una grave amenaza ecológica”, explicó William Hintz, profesor asociado de ciencias ambientales en la Universidad de Toledo, de acuerdo con el texto fuente.

La prevención aparece como la principal medida de manejo. Los investigadores recomiendan tratar al pez dorado como especie exótica invasora de alta prioridad, con acciones de prevención, detección temprana y control antes de que se establezcan poblaciones silvestres.

Los dueños de mascotas con peces no deseados pueden recurrir a alternativas como devolverlos a tiendas especializadas, buscar adopción con otros acuaristas o contactar autoridades locales de vida silvestre. La recomendación científica central es evitar su liberación en cuerpos de agua naturales.