“Tengo cuatro señoritas, tres juegan, les encanta igual que a mí el fútbol”, Yolanda Hernández

Sentada en la arena observa atentamente el desempeño de las jugadoras del equipo Costa del Sol, entre las que se encuentran tres de sus hijas, dos de ellas ya inscritas oficialmente para participar en la Liga de Fútbol Playa Copa CEL 2022, mientras que aún analiza la incorporación de la tercera.

 “Tengo cuatro señoritas, tres juegan, les encanta igual que a mí el fútbol, y en la liga hemos incorporado hasta ahorita dos, la mayor es Yasmín Pleitez y la última, Jenniffer Natalia, las dos trabajan más que todo en meta, en portería, porque tienen reflejos para esa área, y Bertita que ahorita no está en la liga, pero la estamos trabajando también”, explica Yolanda Hernández, madre de las jugadoras.

Yolanda, quien asiste a las prácticas en calidad de asistente del entrenador, explica que tienen muchas jugadoras de la región, quienes también participan en algunos torneos que se desarrollan en la zona.

“Tenemos bastantes jugadoras de la zona de Tasajera, La Puntilla, de aquí de El Zapote, incluso de San Marcelino, trabajando para el torneo”, explicó la asistente, quien aclara que la mayoría son nuevas debido a que muchas trabajan y dieron un paso al costado porque no pueden cumplir con los horarios de entrenamiento.

Yolanda, quien se desempeña en corte y confección, explica que además del apoyo en las prácticas, se encarga de ver que no falte nada en el equipo, para que puedan trabajar sin interrupciones.

“Pienso que en toda área deportiva y en toda rama la disciplina es muy importante. Entonces yo las visito bastante, les enseño que hay que respetar reglas y desempeñarse dentro del terreno de juego, de dar todo”, menciona la asistente técnica, quien asegura que con su prole va un poco más allá.

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Yolanda, quien también es jugadora, explica que le emociona mucho trabajar al lado de sus hijas, sobre todo, porque eso les permite estar cerca de ellas y saber que andan en buenos pasos.

“Si algo les pasa, allí estoy yo, y para mí es una gran alegría estar a la par de ellas trabajando, divirtiéndonos, y pues psicológicamente siempre les exijo, pero también trato la manera de entenderlas cuando algo no se da para que no se frustren y sigan adelante trabajando”, dijo la asistente, quien reconoce que con la mayoría de jugadoras es así, porque “la juventud de ahora necesita algo en qué enfocarse, para poder desempeñarse como personas y poder tener un buen futuro”.

Curiosamente, las dos jugadoras inscritas en el equipo Costa del Sol se desempeñan como porteras, una de ellas, de apenas 14 años.

“Desde chiquita, como a los 10 años, comencé a jugar fútbol playa por influencia de mi mamá, ella me enseñó lo que sé”, dijo Jennifer Natalia, la adolescente, quien explicó que está “más acostumbrada a jugar fútbol playa que fútbol 11, siento que en fútbol 11 no me entiendo mucho”.

La jugadora reconoce que los entrenamientos son más cansados, por la arena, y debe tener cuidado para no lastimarse, pero eso no le impide dar lo máximo en cada práctica. “Todas vamos a poner nuestro mayor esfuerzo y vamos a ver cómo salimos y espero que ojalá podamos ganar”, dice.

Por su parte, Yasmín Michel, de 21 años, también arquera del equipo Costa del Sol, comenta que comenzó a jugar en partidos a los 12 años, y además de disfrutar de la actividad física, tiene la ventaja que puede compartir momentos con su familia.

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“Me siento atraída por jugar, por querer ganar, por compartir momentos con las compañeras y hacer sentir orgullosa a mi madre”, dice Yasmín, quien agrega que “si se quiere ganar, si a uno le gusta, hay que echarle ganas, jugar al 100 y primero Dios sacar buenos resultados”.

Para Berta Esmeralda, la tercera hija del clan, con sus 18 años todavía está en proceso para incorporarse, por lo que aún le reservan un cupo para inscribirla en el equipo.

Sobre los entrenamientos, Berta considera que “son más pesados que en cualquier otro deporte, creo yo porque es de echarle ganas a eso”, y con respecto a que su madre les llame la atención, sonríe y dice que “es extraño, pero ya se hizo costumbre que ella nos regañe, no es algo porque nosotros sintamos vergüenza, sino que lo tomamos como un consejo. Nos podemos decir cosas: como eso está bien o eso está mal no hay enojo ahí”, valora.