Los agroquímicos dañan tanto a las abejas como a las personas

A ellas y a los humanos podría estar afectándonos lo mismo, de manera lenta y silenciosa.

Cada vez son más las personas que comienzan a tomar consciencia de las consecuencias que tiene el uso de agroquímicos que se usan para producir muchos de los alimentos que consumimos todos los días. Quizás el más conocido de ellos es el glifosato, que quizás alguna vez hayas oído hablar en relación a su principal vendedor comercial, Monsanto.

Un reciente estudio  publicado en la revista Science investigó otro químico polémico: los neonicotinoides, que suelen rociarse en las semillas para evitar las plagas de insectos; pero inciden en el polen y el néctar y esto podría tener graves consecuencias.

Los resultados comprobaron que la exposición continua a los insecticidas que contienen neonicotinoides, o bien a cultivos expuestos a éstos, podría perjudicar a las abejas domesticadas y silvestres.

Según los científicos, esto sugeriría que los neonicotinoides persisten en el ambiente y son absorbidos por las flores silvestres, exponiendo a las abejas aún muchos años más tarde.

Las abejas, especialmente las domésticas o melíferas (Apis mellifera), sufren efectos como la disminución en su posibilidad de reproducción, su desorientación e incluso la muerte.

Es importante señalar que los investigadores explican que las condiciones ambientales locales y en cuanto a la especie pueden hacer variar la respuesta; sin embargo, en todos los casos estudiados, incluso en dosis bajas, se observan efectos adversos.

Recordemos que todo lo que vemos en la naturaleza depende, de alguna manera, de las abejas: ellas son fundamentales para la reproducción de la mayoría de las especies vegetales y para que los animales que se alimentan de ellas puedan crecer. El 75% de los cultivos del mundo dependen de su polinización o la de otros insectos. Es decir, sin abejas no hay vida