Alemania reactivará su economía por la vía verde

Estudia financiar los estímulos frente a la recesión con la emisión de bonos ecológicos

 

Alemania se prepara para aprobar  un plan que busca revertir la inminente recesión «con toda su fuerza», según palabras textuales del ministro de Finanzas y muy probablemente próximo candidato socialdemócrata a la Cancillería de Berlín, Olaf Scholz, que ha sugerido que podría poner a disposición de la política de reactivación económica hasta 50.000 millones de euros de gasto público adicional.

 

Este punto de inflexión, el abandono del sacrosanto equilibrio presupuestario, es presentado por Scholz como el merecido descanso del guerrero presupuestario, asentado en el margen que ha dejado la política de superávit de las legislaturas Merkel. Scholz tiene poco tiempo para reactivar la economía, o al menos generar un estado de opinión favorable a su gestión, si quiere presentarse a las próximas elecciones. Su plan es un gran paquete de gasto que irá destinado a infraestructuras y protección del clima.

 

En una conversación informal durante el «día de puertas abiertas» con el que el Gobierno alemán cierra el verano, Scholz ha insistido en que un Estado debe vivir dentro de sus posibilidades en los buenos tiempos económicos, como hasta ahora, para poder actuar cuando lleguen las vacas flacas. Se espera que el nivel de deuda de Alemania caiga a aproximadamente el 58% del PIB este año desde el 60,9% del anterior, colocándose por debajo del techo de la deuda de la Unión Europea del 60% y permitiendo más flexibilidad en el gasto. «Si tenemos un nivel de deuda en Alemania en relación con el PIB que está por debajo del 60%, entonces esta es la fortaleza que tenemos para contrarrestar una crisis con toda su fuerza», ha dicho Scholz, que recordó además que la crisis financiera mundial a partir de 2008 le ha costado a Alemania unos 50.000 millones de euros. «Y tenemos que ser capaces de reunir eso. Y podemos reunir eso. Esa es la buena noticia», adelantó sus intenciones. La siguiente pregunta es dónde exactamente pretende el ministro inyectar los 50.000 millones.

 

Los estímulos podrían sumar hasta 50.000 millones de euros de gasto adicional

 

Desde su departamento se filtran vagas referencias al estudio de medidas parecidas a las que se tomaron en 2009, con especial atención a incentivos a la compra de automóviles, otros destinados al consumo y a la renovación de equipos duraderos, para primar la eficiencia energética, así como un amplio paquete de subvenciones para la población con menores ingresos.

 

Pero claro, los conservadores de la Unión Cristianodemócrata (CDU) no van a permitir tan fácilmente que sea Scholz capitalice en exclusiva los efectos del programa de estímulos. Tampoco parecen dispuestos a que los socialdemócratas hagan ahora campaña con el margen que ha dejado la política Merkel, así que el ministro de Economía y energía, Peter Altmeier, hombre de confianza de Merkel, se ha adelantado con una propuesta con la que promete estimular la economía alemana sin por ello renunciar al equilibrio presupuestario.

 

Magia financiera

 

Altmeier ha hecho referencia a la misma cantidad, 50.000 millones de euros, pero que no saldrían directamente del gasto público sino que serían introducidos en la economía a través de una fundación, que se dedicaría a la protección del clima y a través de la que el gobierno alemán escenificaría una especie de truco de magia financiera. Altmeier aboga por una fundación climática que emita bonos en nombre del gobierno federal, aprovechando el actual contexto de tipos cero y mercado de la deuda, «con una tasa de interés garantizada del 2% a 10 años». «Cualquiera que compre esos bonos estaría haciendo algo bueno por el clima y, en vista de los bajos tipos de interés, obtendría un rendimiento bastante decente», ha dicho el ministro.

 

Con el dinero obtenido en esas emisiones de bonos, la fundación financiaría, sin intereses, proyectos de protección del clima. Contando con que la fundación gastaría más dinero que el que le proporcionase en los bonos, el ministro está dispuesto a gastar del presupuesto público hasta 2.000 millones de euros al año para mantenerla en funcionamiento, un proyecto más barato para el Estado que el de Scholz y aparentemente igual de efectivo. La financiación de la protección del clima quedaría, por así decirlo, externalizada, al menos en parte.

 

El freno a la deuda consagrado en el artículo 109 de la Constitución alemana no se vería afectado. Altmeier contempla evitar la independencia de endeudamiento de los estados federados adhiriendo esa capacidad a los ciclos económicos, y limitar el endeudamiento del Estado federal al 0,35% del PIB. «La mejor protección climática no ayuda si pone en peligro la fortaleza económica de Alemania», dice Altmaier. Países como China o India «seguirían nuestro ejemplo solo si ven que un país tan próspero como Alemania es capaz de proteger eficazmente el clima sin destruir su base económica».

 

El problema evidente de todos estos planes, al margen de su financiación, es su sesgo verde. Si bien es necesario el camino hacia la neutralidad de emisiones, más necesario todavía es el que conduce a la industia 4.0, donde se juega el partido de los próximos diez años. Alemania carece todavía de las estructuras para combinar robótica, inteligencia artificial, computación en la nube, big data e Internet de las cosas para crear fábricas inteligentes capaces de una producción mejor y más eficiente. Incluso necesita todavía desarrollar la infraestructura necesaria de Internet. Si el país alcanza el objetivo de invertir el 3% del PIB en I+D es solo gracias a la inversión de las multinacionales. Merkel está a esta hora regresando de su enésimo viaje a China, país en el que las inversiones alemanas han aumentado un 62,7% en los primeros siete meses de este año, 1.170 millones de dólares que no van precisamente a protección del clima.