Fomentando la inversión .Por :Fernando Poma

Como salvadoreños tenemos  expectativas  relacionadas  al futuro de  nuestro país, especialmente  ante las propuestas en el contexto electoral en el que vivimos.   Una de éstas, es el ofrecimiento de mayor número de empleos y de la creación o mantenimiento de muchos programas sociales.  Estos objetivos son loables y  todos estamos de acuerdo en que es necesario mejorar la calidad de vida de las personas que conforman nuestra sociedad. Como ciudadanos debemos profundizar nuestro entendimiento sobre cómo se generarán estas nuevas  oportunidades y de dónde saldrán los fondos  para dichos proyectos sociales.  El consenso general es que se logrará fomentando el crecimiento económico, en gran parte a través de mayor inversión. Después de todo, solo los países con crecimiento sostenible a largo plazo, control de gastos públicos, recaudación adecuada y reinversión de esa recaudación en proyectos productivos, logran un impacto positivo en la superación de la pobreza.    El propósito de este escrito es ofrecer  algunas ideas sobre cómo propiciar esta nueva inversión.

Antes de exponer con mayor profundidad este tema, quisiera establecer las diferencias entre gasto e inversión. Un gasto es un pago o erogación que no es posible recuperar después. Si bien el gasto puede  ayudar a dinamizar una economía,  generar empleo y mejorar la recaudación de impuestos, no logra un beneficio sostenible en el tiempo: el gasto se consume, se esfuma.  Las buenas inversiones, por otra parte, son autosostenibles y generan  un efecto multiplicador en la creación de valor.

El crecimiento económico a través del gasto público y privado, requiere de un aporte financiero recurrente, principalmente  con fondos provenientes de ahorros, recaudación fiscal o  mayor endeudamiento.    Por otro lado, la exitosa inversión no precisa de continuos aportes, sino que una vez hecha, genera beneficios constantes como  empleo, generación de impuestos, fondos para responsabilidad social empresarial y potencial crecimiento de las exportaciones.  Es por todo esto,  que nuestro objetivo como nación es fomentar la reducción de gastos y usar ese capital para inversiones productivas autosostenibles.

La inversión puede ser nacional o extranjera.   Ambas son importantes para nuestro crecimiento económico y fundamentalmente logran lo mismo. La diferencia es que la inversión nacional es limitada por el ahorro y capacidad de financiamiento interno.  La extranjera, redistribuye riqueza de otros países hacia nuestra nación, atrayendo  nuevos recursos a la economía y permitiendo aun mayor crecimiento.  Como popularmente decimos, “crece el pastel”.

Como punto de partida, es importante que asumamos con pragmatismo tres fundamentos básicos de la inversión:

  1. Los países compiten entre sí por inversión. El capital es en gran medida racional y no tiene fronteras. Si queremos tener inversión, debemos diferenciarnos de los demás países, creando condiciones más favorables para su atracción y así  generar el crecimiento económico que deseamos.
  2. La inversión le huye a la incertidumbre como si fuera una plaga. La rentabilidad es incluso secundaria en relación al sentimiento de confianza y certeza de que el capital invertido está “sano y salvo”.  Esto es evidente en el mundo entero y lo podemos observar cuando personas en el agregado, están dispuestas a comprar bonos del tesoro de Estados Unidos a treinta años, por un rendimiento nominal de solo el 3%.
  3. Nadie que invierte lo hace para perder. Es verdad que existe una enorme necesidad de contribuir activamente al mejoramiento social y económico de nuestras comunidades, a través de programas de responsabilidad social empresarial, donaciones e iniciativas de inversión social (ONGs). Sin embargo,  hay que reconocer que existe una diferencia entre crear una inversión productiva  que espera beneficios económicos  y tener  entidades sin fines de lucro.  Cuando las inversiones fracasan, todo el mundo pierde:   se esfuma el capital, disminuye la recaudación fiscal, se  afectan proveedores y clientes, desaparecen empleos, así como programas de responsabilidad social empresarial.

En resumen, para generar crecimiento económico a través de inversión, necesitamos propiciar la rentabilidad y la seguridad de esa rentabilidad a largo plazo, y hacer esto mejor que los países con los que competimos.  Para lograr esto,  es importante forjar  una democracia irreversible, donde la alternancia y las ideologías  partidarias  se mantengan dentro de un marco democrático.    No hay nada que ahuyente más el capital, que el potencial de cambios radicales en la  dirección de nuestra nación, como cuando se habla de refrendar la Constitución o de seguir  modelos de gobiernos como el de Venezuela.  En ese país, aparte de expropiaciones de propiedad privada y del cierre de decenas de empresas multinacionales, se sufre una gran inflación, devaluación de la moneda y una enorme escasez de bienes y servicios básicos.  El crecimiento económico es casi nulo y la gente es cada día más pobre.