Mubarak renuncia y una explosión de júbilo recorre Egipto

El presidente egipcio, Hosni Mubarak, dimitió y entregó el poder al ejército, al término de 18 días de una rebelión popular, provocando una inmediata explosión de júbilo en la calles de El Cairo y reacciones de satisfacción de la comunidad internacional.

Gritos de júbilo y estruendos de bocinas celebraron la noticia en El Cairo, donde cientos de miles de manifestantes participaban en una multitudinaria protesta, bautizada ‘Viernes de la Cólera’, que reunió a más de un millón de personas en todo el país.

El máximo representante del nuevo régimen militar egipcio, el ministro de Defensa, Mohamed Husein Tantaui, pasó este viernes a bordo de un vehículo frente al Palacio Presidencial saludando a la multitud, comprobó un fotógrafo de AFP.

Tantaui dirige el consejo supremo de las Fuerzas Armadas, un comité de oficiales que asumió el control tras el anuncio de la dimisión de Mubarak, de 82 años, tras tres décadas en el poder.

La multitud, que se había congregado para protestar, y más tarde para celebrar, frente al Palacio Presidencial, reconoció a Tantaui cuando pasó a bordo de un vehículo todoterreno civil escoltado por dos automóviles llenos de guardaespaldas.

Cuando se acercaron a saludarlo y felicitarlo, el líder militar paró brevemente y salió del auto para agradecer y alentar a la multitud.

Los Hermanos Musulmanes, el más articulado de los grupos opositores egipcios, que se sumó tardíamente a las protestas, felicitaron al pueblo y al ejército egipcios.

Suiza congeló “con efecto inmediato” los eventuales fondos que puedan tener en bancos de este país Mubarak y sus allegados, informó este viernes el Gobierno helvético.

Esta decisión procura “evitar todo riesgo de malversación de bienes pertenecientes al Estado egipcio”, agregó.

Mubarak, que el jueves había delegado sus poderes al vicepresidente, había partido con toda su familia a Charm el Cheij, ciudad balnearia a orillas del mar Rojo, antes de que se anunciase su dimisión.

La jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, reaccionó inmediatamente en Bruselas, considerando que la dimisión de Mubarak abre la vía a “reformas más rápidas y profundas” en mayor país del mundo árabe.

La jefa del Gobierno alemán, Angela Merkel, llamó por su lado a las nuevas autoridades egipcias a respetar el tratado de paz con Israel.

Egipto, el más poblado de los países árabes (80 millones de habitantes) es también uno de los dos únicos (el otro es Jordania) en reconocer plenamente al Estado hebreo.

La Casa Blanca anunció que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se pronunciaría en breve y la Bolsa de Nueva York pasó súbitamente al alza tras la renuncia del líder egipcio, borrando las pérdidas registradas en la apertura.

Una explosión de júbilo recorrió también las calles de la capital de Túnez, cuya rebelión popular inspiró a la egipcia.

El movimiento islamista palestino Hamas saludó el “inicio de la victoria de la revolución” egipcia, mientras un dirigente israelí deseó una “transición a la democracia sin sobresaltos”.

Las autoridades de la República Islámica de Irán calificaron la caída de Mubarak de “gran victoria” de los egipcios.

El ejército egipcio se había comprometido por la mañana, antes de la renuncia de Mubarak, a garantizar la organización de “elecciones libres y transparentes según las enmiendas constitucionales decididas”.

En el décimo octavo día de protestas, unas 200.000 personas volvieron a abarrotar la emblemática plaza Tahrir (de la Liberación), convertida en epicentro del movimiento y campamento improvisado de miles de egipcios determinado que vencieron en su empeño de hacer caer el régimen.

Las protestas desbordaron de este lugar para propagarse a numerosos puntos de la capital: la sede del Parlamento, el Palacio Presidencial, los locales de la radio-televisión pública. Entre 400.00 a 500.000 manifestantes se congregaron también en Alejandría (norte), segunda ciudad del país.

Un manifestante murió el viernes en un tiroteo entre manifestantes antigubernamentales y la policía en la localidad de Al Arish, en el Sinaí. Fue probablemente el último de las cerca de 300 víctimas mortales registradas desde el inicio de las protestas, según un balance de Naciones Unidas.

Según testigos, algunos soldados habían abandonado sus armas y uniformes para unirse a las manifestaciones.