Laura Esquivel cumple 60 años entre literatura, activismo y Broadway

Con una apretadísima agenda dividida entre literatura, promoción cultural y el montaje en Broadway de “Como agua para chocolate”, la escritora mexicana Laura Esquivel llega este 30 de septiembre a los 60 años de vida.

Hace 22 años, esta maestra de nivel preescolar y guionista de programas infantiles de televisión publicó la historia de amor entre Tita y Pedro, ambientada en el convulso inicio de la Revolución mexicana (1910) y aderezada con recetas de cocina.

Lo que a muchos autores les lleva años, Esquivel lo logró con su primera novela, que se volvió un rotundo éxito. Luego fue llevada al cine en 1994 por el director Alfonso Aráu, entonces esposo de la escritora y padre de su única hija.

Ahora, con la fama a cuestas, la creadora de “Estrellita marinera” (libro editado en 1999) emplea los días en un nuevo libro, que narrará la historia de una mujer.

Según su asistente, Alejandro Sahe, desde hace unos meses ella viaja también con frecuencia a Nueva York para supervisar la próxima puesta en escena de su famosa novela.

Sobre todo dirige proyectos culturales en el distrito de Coyoacán, donde está el célebre barrio de la capital mexicana en que vivieron Frida Kahlo o León Trotsky.

“Podría quedarme en casa a escribir”, dijo en una ocasión la autora, “pero debemos hacer algo para cambiar la situación del país”.

Esta convicción la llevó este año a postularse como diputada en el congreso mexicano, deseo perdido en las urnas. Mucho antes de querer escribir su propia historia política, en 1989 ayudó a fundar el Partido de la Revolución Democrática (izquierda).

Apoyó a Andrés Manuel López Obrador en su aspiración presidencial en 2006. Dos años después se unió a un grupo de intelectuales en México que defienden la economía popular y la soberanía nacional, y se oponen a la privatización del petróleo.

Cuando escribió “Como agua para chocolate”, Esquivel no imaginó que vendería ocho millones de ejemplares en el mundo ni que se traduciría a 36 lenguas.

Tampoco que recibiría duras críticas de grupos feministas o de algunos colegas, que consideran que las obras de mujeres como ella o Ángeles Mastretta no son literatura.

“Cuando oigo hablar del éxito de Laura Esquivel, se me enchina el cuerpo, el alma también se me retuerce. Yo creo que los trabajos de Esquivel no sirven de nada”, expresó Juan José Arreola en una mesa redonda del Festival Europalia 1993, dedicado a México.

Al contrario, el cineasta Alejandro Jodorowsky confesó no haber podido dejar de leerla una vez que la tuvo en sus manos. La actriz Winona Ryder ha visto la cinta y leído en cinco ocasiones la novela, premiada en España y Estados Unidos.

La producción literaria de Esquivel no ha sido constante por otras actividades que se han cruzado en su camino, como la orfebrería o la promoción del arte entre los niños y en las comunidades indígenas.

Todas sus obras hablan del amor, el sufrimiento y la reivindicación femenina. Entre ellas están “La Ley del amor” (1995), “Íntimas suculencias” (1998) y Malinche (2006), la indígena mexicana que fue traductora y amante del conquistador Hernán Cortés.

“Como agua para chocolate” está basada en una historia real que, cuando era niña, la autora escuchó contar a su madre y su abuela: la de su tía-abuela Tita, condenada a no casarse para cuidar a su madre.

“Laura Esquivel entra al Palacio de La Moneda con su fantasía desbordante, su arte para la ficción, su capacidad de seducir a millones de lectores en el mundo con personajes como aquella Tita”, dijo en febrero la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, al entregarle el Premio Pablo Neruda.