La segunda central sindical de Argentina se fractura por conflicto de poder

La Central de Trabajadores de Argentina (CTA), la segunda central sindical del país, confirmó que se ha fracturado debido a las posiciones encontradas entre el que hasta ahora era su secretario general, Hugo Yasky, y quien ganó las últimas elecciones, el opositor al Gobierno Pablo Micheli.

La central, que reúne a alrededor de 1,4 millones de afiliados, la mayor parte empleados estatales, celebró elecciones el pasado 23 de septiembre, que ganó Micheli por una diferencia de 18.000 puntos, pero los comicios fueron cuestionados por Yasky, lo que llevó al Comité Arbitral de la central a convocar para este jueves nuevas elecciones en medio centenar de puntos del país.

En esta nueva elección complementaria Micheli se impuso por cerca de 30.000 votos, lo que le confirmaría como nuevo secretario general de la CTA, pero Yasky no aceptó estos nuevos comicios y decidió, por su parte, convocar elecciones para marzo de 2011.

De esta forma se confirma la fractura “política e ideológica” de la central, que reclama desde hace tiempo que el Gobierno de Cristina Fernández le reconozca personalidad sindical, confirmó a Efe Pablo Micheli, líder de la Asociación de Trabajadores del Estado, el más numeroso sindicato que integra la CTA.

Micheli reconoce que los nuevos comicios se llevaron a cabo “contra la voluntad del Ministerio de Trabajo”, pero esta resolución está “totalmente fuera de lugar, porque no reconoce a la CTA y por lo tanto no tiene ninguna incidencia ni ningún derecho a impedir ninguna acción de la central”, aseguró.

“Lo que hay es una fractura política e ideológica con el sector que encabeza Yasky, eso es indiscutible”, admitió el sindicalista, quien no obstante hizo hincapié en que “no hay una fractura con los trabajadores”.

“Dudo realmente que las organizaciones sindicales, sociales, territoriales que pertenecen a la central se vayan a ir con Yasky”, a lo sumo “un porcentaje mínimo”, consideró.

En opinión de Micheli, el futuro de Yasky está en la Confederación General del Trabajo (CGT), la mayor central sindical de Argentina, porque “tiene mucha más afinidad” con su líder, Hugo Moyano, con estrechos vínculos con el Gobierno de Cristina Fernández.