La movilización contra la reforma de Sarkozy quema los últimos cartuchos

La movilización social contra la reforma de las pensiones impulsada por el presidente Nicolas Sarkozy perdía fuerza, al día siguiente de su aprobación en el Parlamento, como reflejó la manifestación de París, donde se veían algunas tímidas pancartas con el lema “Que se vayan todos”.

La CGT, principal sindicato francés, anunció que en la manifestación de París, la principal de las 269 convocadas en todo el país, participaron 170.000 personas contra 330.000 en la jornada del 19 de octubre. La policía cifró en 31.000 los manifestantes en la capital.

A nivel nacional, la policía anunció la participación de 560.000 personas, cifra que la CGT elevó en cambio a “casi dos millones” de manifestantes, cifras a la baja respecto de la anterior jornada de manifestaciones.

Ese día, los sindicatos reivindicaron 3,5 millones de manifestantes (1,1 millones según la policía). La dirigencia sindical, que había convocado a esta séptima jornada de huelgas y protestas incluso sabiendo que el Parlamento aprobaría antes la reforma que pone fin a la jubilación a los 60 años, admitía que este jueves no habría récords a causa de cierto “cansancio” y de la actual semana de vacaciones del otoño boreal.

“No esperamos batir récords hoy, aunque esto demuestra que se mantiene la presión”, afirmó el secretario general de Fuerza Obrera (FO), tercer sindicato de Francia, Jean Claude Mailly, para quien “aun si la ley ha sido aprobada (…) esto dejará marcas profundas”. También su colega de la CGT, Bernard Thibault, admitía que la movilización era “inferior” a las anteriores protestas.

La menor participación coincidía con una menor adhesión a la jornada de huelga. Seis de las 12 refinerías de Francia siguen en huelga parcial o total, pero la situación mejoraba en el abastecimiento de las estaciones de servicio, tras varios días de escasez. El transporte ferroviario y el aéreo seguían perturbados, pero el metro parisino funcionaba casi normalmente.

Los participantes en la protesta parisina calificaban a Sarkozy de “impostor” y denunciaban un sistema que “financia a los industriales y los bancos”. Algunas pancartas rojas apuntaban a la clase política, con la consigna “Que se vayan todos”, popularizada en Argentina durante la crisis de 2001.

“Nos estamos convirtiendo en un país en vías de subdesarrollo. Nos quieren quitar todos los derechos”, se quejó Paula, una profesora jubilada de 65 años, que en un paraguas escribió: “En Bolivia, la jubilación es a los 58 años. El gobierno francés tiene lecciones que recibir de (Evo) Morales”.

A pocos metros, avanzaba una marioneta gigante de una mujer vestida de blanco con una mancha de sangre en la frente, en una irónica simbolización de la “justicia”, como lúdica contribución de manifestantes del conocido Theatre du Soleil.

La reforma aprobada el miércoles de forma definitiva por el Parlamento francés elevará de 60 a 62 años la edad mínima de jubilación, de 65 a 67 años la edad para cobrar una pensión completa y aumentará de 40,5 a 41,3 los años de aportes para obtener una jubilación al 100%.

Tras ocho semanas de pulseada con las autoridades, los sindicatos piden al ejecutivo que no promulgue la ley, un paso previsto para mediados de noviembre, pero que podría ser aplazado si el Partido Socialista recurre ante el Consejo Constitucional.

El gobierno afirma que esta reforma es necesaria para cubrir un déficit del sistema de jubilación que en 2018 ascenderá a 44.000 millones de euros (61.000 millones de dólares), que será financiado en gran parte gracias a la elevación de la edad del retiro, según los expertos.