ELECCIONES PRESIDENCIALES 2014 ¿AMAÑADAS O LIMPIAS?

Las elecciones presidenciales del 2014 ya están a la vuelta de la esquina, para ello el Tribunal Supremo Electoral (TSE), abrirá 1,593 centros de votación y se instalarán 10,446 juntas receptoras de votos, para elegir al próximo presidente.

Pese a que el tribunal dice tener una logística adecuada para que los salvadoreños elijan sin ningún problema al próximo Presidente de la República, el fantasma del fraude electoral o de la poca transparencia se ha hecho presente.

Si hacemos memoria el fraude electoral que se conoce en la historia salvadoreña ocurrió en 1972, cuando ganó la presidencia el coronel Arturo Armando Molina, representando al Partido de Conciliación Nacional (PCN), este triunfo se dio por medio de un fraude electoral que consistió en Anular planilla de la oposición UNO, suspendiendo la declaración así triunfo del coronel Armando Arturo Molina sobre Ing. José Napoleón Duarte.

Luego de ese año a la fecha los resultados electorales se han aceptado sin ningún contratiempo ni denuncia, y es que para que los procesos electorales cobren credibilidad han sido observados por varios grupos, tales como: sociedad civil, los partidos políticos, observadores de la ONU, entre otros.

Según el analista Álvaro Artiga de la Universidad Centroamericana el pueblo necesita con urgencia educación política, solo de esta forma el miedo al fraude se irá perdiendo.

Para Artiga las elecciones salvadoreñas desde 1982 han sido sin fraudes, el politólogo dice que “hay señales una de ellas puede ser que ninguno de los competidores después de perder o después de la elección reclama que hubo fraude, o sea si ellos mismos que compiten no han dicho en todas estas elecciones que han habido desde el año 1982 no han dicho que ha habido fraude, no podemos decir nosotros que ha habido fraude”.

Sin embargo los partidos políticos tienen grandes desafíos dice Artiga: “como lograr ganarse la confianza y la credibilidad entre las personas, entre la gente, porque en los partidos y los diputados como miembros de los partidos son los que menos confianza gozan entre la población”.

La población siente que, o por lo menos tiene la percepción que los partidos, los miembros de los partidos, solo buscan sus intereses, la gente no percibe, ni recibe beneficios o que mejora su condición de vida.