El triunfo de Nadal marca el camino a seguir por La Roja

Rafa Nadal volvió a demostrar que es el número 1 del tenis mundial. Cuando las lesiones no le lastran, no hay ningún jugador capaz de hacerle frente. Da igual la superficie porque no hay faceta del juego ni de la competición en la que el mallorquín no sea el más fuerte. El rostro de Berdych, la viva imagen de la impotencia, lo explica a la perfección.

Con sólo 24 años, Nadal acumula un palmarés que le coloca ya al nivel de leyendas como Connors, Lendl o Agassi. ¿Hasta dónde puede llegar el español? Es imposible predecirlo, pero parece que hasta donde él quiera. Y eso será muy lejos. Porque si algo destaca en Rafa tanto como su talento y su fortaleza física es su capacidad de superación y su espíritu competitivo. La victoria es la mejor prueba. Con su primer triunfo en 2008, Rafa demostró que su tenis no tenía barreras. Consiguió reinar en una superficie que, a priori, estaba contraindicada para su juego. Y lo hizo venciendo a un Federer que acumulaba cinco títulos seguidos. Pero el de ayer tiene más valor si cabe. Nadal ha superado la adversidad a base de trabajo. Se ha sobrepuesto a situaciones para las que no basta sólo el talento. Momentos que exigen humildad y mucho sacrificio.

Ha demostrado, en definitiva, por qué es, junto a Gasol, el gran estandarte de esta maravillosa generación que está cambiando el destino del deporte español. El talento les ha puesto en la línea de salida, pero han sido la humildad y el trabajo lo que les ha llevado a la gloria. El triunfo de Rafa ha llegado en un momento muy oportuno. Su ejemplo es la mejor inspiración posible para La Roja, que está a un paso de hacer historia. Seguro que los hombres de Del Bosque vibraron ayer con él. Y seguro que Nadal, aunque no pueda estar en Sudáfrica, vibrará el miércoles con ellos.