DISCURSO DEL PRESIDENTE DE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA, DIPUTADO GUILLERMO GALLEGOS NAVARRETE

BRINDADO EN LA SESIÓN SOLEMNE N° 11 DEL 10 DE NOVIEMBRE DE 2016, CON MOTIVO DE LA TOMA DE POSESIÓN DE SU CARGO

Señores y señoras:

Quiero iniciar mis palabras en esta ceremonia, en la que asumo la Presidencia de la Asamblea Legislativa, dando gracias a Dios por darme esta trascendental oportunidad en mi vida política y profesional, de servir a mi país en uno de los momentos más crucia- les de nuestra historia.

Quiero expresar un especial agradecimiento a mi fa- milia, por el apoyo incondicional que siempre me han brindado y con el que estoy seguro seguiré contando en este nuevo desafío.

A mi partido, Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA) y a nuestra fracción legislativa, por su acom- pañamiento durante todos estos años de lucha y es- fuerzo en el camino de contribuir a mejorar nuestra sociedad.

Saludo cordial y respetuosamente, a los compañeros diputados de todas las fracciones legislativas, con quienes me comprometo a ser un líder constructivo, facilitador del diálogo entre las distintas representaciones y respetuoso, en todo momento, del cumplimiento de nuestra Constitución de la República.

Asimismo, saludo a los Presidentes y miembros de otros órganos de Estado que hoy nos acompañan; a la Presidencia de la República y de la Corte Suprema de Justicia y a sus distinguidos funcionarios.

A los invitados especiales, cuerpo diplomático, me- dios de comunicación, académicos y empresarios.

¡Muchas gracias a todos por acompañarme a este simbólico acto que reafirma mi compromiso con la patria!

Estoy plenamente convencido que todos los aquí presentes, y en el país entero, coincidimos en reconocer que la palabra que en sí define este momen- to la realidad nacional es la palabra crisis, especial- mente en las áreas de política, seguridad ciudadana y económica.

Esta grave crisis se evidencia en problemas fiscales, en la falta de empleo, en el decrecimiento de la inver- sión y en la situación de violencia que se cobra vidas, día tras día.

Pero no debemos olvidar que hay problemas y distor- siones estructurales que no han sido bien estudiados ni abordados en los últimos 50 años, que son los que nos han llevado a una profunda crisis estructural en áreas como la salud, educación, pobreza, deterioro del medio ambiente, empleo, seguridad jurídica, falta de crecimiento y dinamización de la economía.

La profundización de la crisis ha llegado a tal punto, que afecta a toda la población y a los diferentes sectores productivos del país.

Sentimos que estamos llegando a una situación de ingobernabilidad en los temas que conciernen al manejo fiscal del Estado, la inseguridad ciudadana y la proliferación de movimientos sociales y sindicales de distinta naturaleza que manifiestan su insatisfacción en las calles.

En mi presidencia, durante los próximos 18 meses, pretendo contribuir al fortalecimiento de la goberna- bilidad, mediante el diálogo y la negociación, porque considero que la gobernabilidad es la condición fundamental para que el país supere los graves problemas de seguridad y los fiscales, con sus conse- cuentes efectos en la situación económica y social de todos los salvadoreños.

La gobernabilidad, para ser fortalecida, requiere que cada uno de los órganos de Estado y todos los secto- res del país hagamos lo que nos corresponde, y que nos despojemos de intereses partidarios y personales, que afectan a los ciudadanos, a quienes todos nos debemos.

Nuestra presidencia buscará contribuir a la goberna- bilidad, adquiriendo el compromiso de priorizar los acercamientos para establecer un diálogo permanen- te entre los tres órganos fundamentales del Estado.

Invito, a cada uno de los órganos de Estado a apoyarnos bajo una agenda de país, transparente y consensada, que integre todos los esfuerzos para resolver los problemas que limitan el proceso de desarrollo nacional.

Es imperante el apoyo de cada uno de los diferentes órganos de Estado para que la población cuente con las condiciones necesarias para vivir en paz y con se- guridad, además de la generación de oportunidades para los grupos más vulnerables.

Distinguidos señores y señoras:

Impulsaré en mi gestión, al frente de la Asamblea Legislativa, una mejora continua en la eficiencia y credibilidad institucional de nuestras acciones, a par- tir de tres pilares fundamentales: la transparencia, la administración racional de los recursos públicos y la eficiencia y pertinencia de la producción de legisla- ción estratégica y prioritaria para la población.

Continuaré apoyando el fortalecimiento del trabajo de la Fiscalía General de la República, de la Policía Na- cional Civil y de la Fuerza Armada, con una gestión permanente con el Ejecutivo para la asignación de una mayor cantidad de recursos para la lucha contra las pandillas, organizaciones terroristas y el crimen organizado, que tanto dolor llevan a nuestra sociedad.

Mis propuestas han ido desde la prevención y la re- presión, hasta medidas que me han costado amena- zas personales, las cuales no me detendrán.

Continuaré promoviendo, hasta las últimas conse- cuencias, porque necesitamos ¡dar la cara para ga- rantizar la seguridad de nuestras familias!

¡La batalla contra las pandillas en El Salvador la estamos ganando, y la vamos a ganar sin ninguna duda!

En 2009, en una decisión libre y soberana el electora- do, en el ejercicio del principio democrático de alternancia, decidió darle el Ejecutivo a la izquierda. Pero al mismo tiempo le dio una clara mayoría legislativa a la derecha. El mensaje claro de la sabiduría popular fue: ¡Si quieren gobernar tienen que dialogar, nego- ciar y alcanzar acuerdos!

Por lo tanto, debemos saber interpretar los signos de los tiempos y romper con las cadenas que nos tienen inmovilizados por las desconfianzas, radicalismos, resentimientos y aspiraciones personales o de grupos que no coinciden con los intereses de la población.

Todos somos igualmente responsables del buen funcionamiento de la Asamblea y del país, y especialmente de contribuir en estos momentos de crisis, con los grandes acuerdos que requiere nuestro país, El Salvador.

En este contexto, exhorto respetuosamente a las autoridades de ARENA, y a su fracción legislativa, para que ya no se tomen más tiempo en sus análisis sobre la situación financiera del Estado, porque cada día que pasa son más las empresas que caen en mora y quiebra por la falta de pago del Ejecutivo.

La presión en las alcaldías está llegando a su máximo nivel de problemas de pago de sus empleados y de las obras en proceso.

La incertidumbre en los mercados financieros, y hacer frente a las deudas, no puede esperar.

El Gobierno está en emergencia, y no se vale que se aprueben recursos limitados en este mes de noviembre, porque en enero estaremos en una peor situa- ción de crisis.

Los invito a ver el tema en el mediano plazo, y no de una manera muy limitada en el corto plazo.

A la dirigencia y fracción del Partido FMLN, los invito a ser más consistentes con la información que presentan sobre las finanzas del país, y a tener una actitud coherente con lo que se acuerda en la mesa fiscal.

No se vale que el FMLN y el Gobierno cambien las reglas, y que se entorpezca el avance del proceso de diálogo y no se logre un acuerdo final.

Les invito a seguir dialogando, porque el tema fiscal es solo uno de los grandes problemas en los que hay que establecer acuerdos.

Todavía hay mucho que discutir y dialogar sobre el sistema de pensiones, el dinamismo de la economía, la productividad del país y la inseguridad ciudadana, en la que hay que pasar de medidas extraordinarias a políticas públicas de seguridad.

Respetables señores y señoras:

Quisiera traer a cuenta la palabra polarización, que en la última década nos ha hecho mucho daño, por- que expresa el principal obstáculo que impide lograr el patriótico objetivo nacional de garantizar la gober- nabilidad y acuerdos nacionales.

La polarización partidista entre las dos principales fuerzas políticas del país, mantiene un enfrentamien- to de dos visiones ideológicas, las cuales traigo a cuenta porque necesitamos que se hagan esfuerzos para disminuirla y los invito a revisar sus propias his- torias y a aprender de ustedes mismos.

ARENA y el FMLN, como dos grandes fuerzas, lideraron y lograron cristalizar los ACUERDOS DE PAZ.

En menos de dos meses, estaremos conmemorando 25 años de haber finalizado una guerra fratricida, que los que tenemos más 35 años todavía recordamos con miedo, angustia y dolor.

Fueron acuerdos políticos que nos han permitido transitar a una democracia, que aunque imperfecta, es democracia al fin, y en la que los poderes del Estado funcionan, y las libertades de las que ahora go- zamos, son parte esencial de ellos.

Es más, tenemos el privilegio, en el seno de esta Asamblea Legislativa, de contar con un grupo de firmantes de los Acuerdos de Paz, a los que invito a tomar el liderazgo y proponerle al país, a través del Poder Ejecutivo, una nueva iniciativa a la sociedad en la que participemos nuevos actores y sectores.

¡Es urgente un acuerdo para los nuevos tiempos!, porque los acuerdos de 1992 fueron para acallar la guerra y darle voz a los sin voz, abrir espacios políticos, la ley de partidos políticos, brindar garantías, derechos humanos, libertad de expresión para todos, nuevas instituciones y verdadera independencia de los órganos de Estado.

El espíritu de los Acuerdos de Paz se cristalizó con las reformas a nuestra Constitución de la República: ¡nos heredaron un nuevo sistema político!

Para derrumbar la nefasta polarización, El Salvador necesita un proyecto de nación, un proyecto consensado con todas las fuerzas vivas, que reconquiste la mente y el corazón de los ciudadanos, enfrentando con realismo y solidaridad humana las nuevas con- diciones de la sociedad y del mundo.

El acuerdo se debe desarrollar en un proceso que genere certeza y un clima de estabilidad y de confianza, como lo demanda la iniciativa privada para fomentar la productividad con mayor eficiencia; y combatir la pobreza, focalizando programas sociales que beneficien a los que menos tienen, para mejorar sus condiciones de vida e insertarles a la vida productiva.

Estimados señores y señoras:

El movimiento hacia la concertación y la unificación de la sociedad implica un despliegue ordenado cuyo sentido lo determina la existencia de una meta de carácter nacional que se adopte colectivamente.

En una democracia esa meta es consolidar el orden constitucional en Estado de Derecho, lo que equivale al imperio de la ley, ante la cual todos somos iguales.

Esta mirada prospectiva les ofrezco como horizonte hacia el cual orientar nuestros mejores esfuerzos.

¡No tengo duda que podemos lograr un nuevo rumbo basado en la voluntad política!

Estamos a cinco años de cumplir el BICENTENARIO de nuestra Independencia y nada mejor para nuestra nación y las naciones hermanas de Centroamérica, que celebrar ese segundo centenario, con un nuevo rumbo consensado en lo jurídico, político e insti- tucional; que nos acerque a la felicidad de nuestros pueblos que soñaron nuestros próceres, nuestros líderes, todos los que de un bando o de otro cayeron con ese ideal como último pensamiento; ¡alejando de nuestra región, de una vez y para siempre: la pobreza, la violencia, la corrupción y demás males que nos aquejan!

Reitero mi agradecimiento a la confianza por este el alto honor que me confieren todos los grupos parla- mentarios y la historia misma.

Voy a trabajar por facilitar los puentes de entendimiento con todos.

Vamos a evidenciar y a enfrentar a aquellos que pretendan derribarlos, porque si los dejamos, esta- ríamos condenando definitivamente a nuestra gente a vivir en una perpetua tragedia de llanto, dolor y desesperanza.

¡Eso no lo vamos a permitir!

A partir de hoy ponemos manos a la obra para cumplir nuestra misión con la patria y con nuestra gente.

Quiero también aprovechar, que será quizás una oportunidad que no podré volver a tener, pero hoy que estamos reunidos en esta Casa del Pueblo, en el Salón Azul, todos los que tomamos las decisiones en este país, hoy que estamos reunidos bajo este mismos techo, quiero implorarle a Dios, que nos bendiga como país, que nos dé la sabiduría, que nos guíe, que nos oriente. ¡Nuestro país El Salvador, ya ha sufrido demasiado!

Hoy tenemos la gran oportunidad de darle a las fu- turas generaciones un nuevo país, y tenemos nosotros en este momento de la historia, las riendas de El Salvador en nuestras manos; nosotros podemos pasar a la historia como: ¡Los que hicimos algo por El Salvador!, o quedaremos en la historia como: ¡los que pudimos y no quisimos, por falta de voluntad, ha- cer algo por El Salvador!

 

¡Muchas gracias!