“Descubrir la naturaleza de su propia realidad y de su propia existencia”, Westworld Segunda temporada Jeffrey Wright (Bernard Lowe

P: Bernard ya ha recorrido un largo camino. ¿Supiste desde el principio cuál iba a ser su enfoque?

 

JW: No. Originalmente, cuando hablé con Jonah sobre la serie y sobre Bernard, solo entendí que Bernard sería una especie de punto focal, en el sentido de que, en cierta forma, guiaría al público a través de este viaje de descubrimiento. Eso me interesó; que fuera una especie de detective, un flautista de Hamelín que nos guiara por los dos mundos que coexisten en la historia. Él nos guía a través del mundo técnico y tras bambalinas, pero también, en cierta medida, dado que ese trabajo informa el comportamiento de los personajes, también nos lleva a través de los misterios de su comportamiento y de su mala conducta, y eso fue curioso para mí.

 

En un principio, lo percibí como una suerte de hombre promedio, y es la idea, que sea Bernard el sobrio, el aplicado, el nerd, al que nadie le presta atención y al que todos siguen a medida que avanzan, pero que nos permitirá descubrir muchos hechos emocionantes e interesantes acerca del mundo exterior. Pero cuando regresamos después de filmar el piloto para empezar a rodar la temporada en su totalidad, descubrí que el viaje de descubrimiento de Bernard era tanto acerca de un viaje interior como de descubrir la naturaleza de su propia realidad y de su propia existencia, lo que es genial.

 

P: La gente tuvo reacciones muy fuertes al vuelco que dio Bernard. ¿También te sorprendió?

 

JW: Sí, pero había una gran cantidad de pistas. De hecho, no hace mucho volví a ver el piloto, simplemente porque quería recordar cómo habíamos comenzado. Y hay algunas interesantes pistas escondidas que se relacionan con la segunda temporada. Son bastante ingeniosos los Nolan-Joy.

 

P: ¿Intentas predecir qué rumbo tomará la historia a continuación?

 

JW: En cierto modo hemos renunciado a intentar adelantárnosles. Intentarlo es un ejercicio inútil. No hay material de consulta para lo que hacen Jonah, Lisa y los guionistas. Todo emana de su imaginación colectiva, así que en parte es por eso que el proceso es un poco más metódico, quizás un poco más lento de lo que la gente podría esperar. Lo van inventando, desenterrándolo junto con las piezas de computadora que encuentran tiradas alrededor. Y eso es gracias a su habilidad y a que Jonah, como exprogramador, está muy en sintonía con la evolución tecnológica contemporánea, pero también a que tiene una visión de la cultura relacionada con el desarrollo de esas tecnologías. Eso le da una visión muy interesante respecto de la vanguardia del desarrollo tecnológico digital actual. Es una visión que está bien concebida, bien pensada, bien elaborada, bien realizada, pero también está muy bien informada.

 

P: Comenzamos la segunda temporada sin Ford, que está muerto. Y leí en una entrevista anterior que Bernard es el capitán ahora.

 

JW: Pues no, lo que dije es que él cree que es el capitán ahora. Al menos, eso creo. Tal vez. Podría ser. Yo pensaba que lo era. Entre los personajes que conocemos, es sin duda el más informado sobre la naturaleza de esta tecnología. Y también tiene una visión única porque, en cierta medida, ha sido tanto humano como anfitrión.

 

Por eso podríamos suponer que es el líder del conocimiento. Pero puedo decir que, habiendo terminado la primera temporada con una bala en la cabeza, no está al máximo de sus capacidades cognitivas, como es de esperar. Y esto conlleva consecuencias. Así que está luchando con sus habilidades. Y, en el transcurso de esta segunda temporada, esas dificultades se ven incrementadas por otras falencias cognitivas. Entonces, al igual que en la primera temporada, sigue en un viaje de descubrimiento. Ese viaje se acelera en la segunda temporada, pero sus facultades no son exactamente lo que podrían haber sido o lo que podrían ser. Por lo tanto, hay mayores desafíos con menores capacidades.

 

P: Imagino que es increíblemente intenso sumergirse en ese mundo. ¿Qué tipo de reflexiones te llevó a tener sobre la naturaleza de la realidad y de la realidad construida como humanos?

 

JW: La gente me ha dicho algunas cosas interesantes acerca de Bernard y de su viaje. Lo más interesante para mí como actor es explorar las definiciones de humanidad y de comportamiento humano y eso es lo que intentamos replicar cuando actuamos. También es lo que están haciendo los anfitriones: intentan reproducir ese facsímil de la humanidad. Pero, al mismo tiempo, creo que es una de las razones por las que la idea es atractiva: porque sirve como una metáfora de nuestro propio comportamiento, seamos o no actores. Porque somos algo así como habitantes del escenario que es el mundo.

 

Y creo que eso realmente atrapó a la gente, la hizo adoptar la premisa. Y creo que el hecho de que la primera temporada se cuente desde la perspectiva de los anfitriones y genere esa empatía por ellos es algo que realmente resonó en el público. Creo que la gente a veces comienza a preguntarse o a cuestionarse la naturaleza de su realidad y de los ciclos dentro de los cuales vive, si se les imponen desde el exterior o si ellos mismos se los imponen.

 

Creo que todos estamos en una búsqueda, todos queremos ser libres… sea lo que sea que eso signifique para cada uno; porque esa libertad para uno puede ser existir dentro de una estructura que le da una sensación de seguridad. Ha habido gente que se me ha acercado para contarme algunas cosas interesantes acerca de su conexión con Bernard. Y creo que lo más interesante fue después de dar un discurso en la Campaña de Derechos Humanos de San Francisco. Me estaban homenajeando como aliado de la comunidad LGBTQ y al final, se me acercó una pareja -un hombre mayor y un hombre joven que estaban casados-. El señor mayor me dijo: “Su personaje realmente resonó en mí por haber vivido una doble vida durante muchos años antes de salir del clóset. Realmente me identifiqué con esa idea de tener que ser una persona determinada externamente, sabiendo que, en esencia, era alguien muy diferente”. Y eso me hizo pensar en el carácter performativo de su interacción cotidiana más que nunca antes, porque llevaba, en algunos sentidos, dos máscaras: llevaba una máscara social que enmascaraba al verdadero yo que tenía detrás. Me dejó pasmado. Eso fue realmente conmovedor.

 

P: Jonah y Lisa obviamente son personas increíblemente inteligentes. ¿Crees que hay algo en el zeitgeist que eligieron en términos de esta idea de una nueva conciencia?

 

JW: Siempre luchamos con esa idea de la conciencia y de nuestra capacidad de decidir por nosotros mismos. ¿La idea del libre albedrío es real o es una ilusión? Es un complejo rompecabezas filosófico. Creo que Jonah siente curiosidad respecto de esa idea de la artificialidad de la libre voluntad. Así que creo que va más allá de las especificidades de nuestro contexto político. Sin embargo, sí creo que el interés de Jonah por la tecnología y la manipulación de esta última está muy concretamente ligado con lo que estamos viviendo ahora.

 

Y no creo que su abordaje estuviera relacionado con la política, sino que creo que estuvo más relacionado con el conjunto de consecuencias sociales de la tecnología en general y con las capacidades de la tecnología. Y también con las entidades que controla esa tecnología y la intención detrás de su control. Es una de las cosas de las que hablamos, y empezaremos a considerarlo a medida que nos adentremos en la segunda temporada. Desde la primera temporada entendemos quién y dónde, pero creo que en la segunda temporada comenzaremos a entender un poco más por qué.

 

P: Dejando de lado Westworld por un momento, leí un estupendo artículo en el New Yorker acerca de tu nueva película, OG, que rodaste en una cárcel real, con reclusos reales. Decías que cambió radicalmente tu forma de pensar sobre el sistema penal. ¿Podrías explicar por qué?

 

JW: Fue el entorno más difícil en el que trabajé en mi vida, en todo sentido, pero ciertamente en términos de trabajo cinematográfico, y ha sido mi experiencia más impactante y conmovedora. Para explicarlo desde la perspectiva de Westworld, me quedó más claro (y esto no es ninguna revelación para quienes se dedican a estas cuestiones) que existen factores predeterminantes que pueden llevar a una persona del útero a la cárcel. Y realmente comienza desde el nacimiento. Y resulta claro que, efectivamente, hay varias opciones y caminos que se pueden adoptar, pero, de las diez vías diferentes solo una lleva al éxito, y la probabilidad de que la encuentres se ve muy disminuida por las circunstancias y por el entorno, la oportunidad y la clase.

 

Tiene menos que ver con la raza de lo que se podría presuponer por los prejuicios que tenemos cuando de criminalidad y de justicia penal se trata. La historia del encarcelamiento de un hombre prácticamente comienza con traumas de infancia. Ya sea por abandono, abuso o violencia, o por padres que por algún motivo estuvieran relacionados con las drogas o con alcohol, o que fueran incapaces de cuidar de sus hijos de modo enriquecedor. Al verlo así, pareciera que estaban inevitablemente predestinados. Y lo que más resonaba allí era que el trauma dentro de los edificios era palpable y muy pesado. No hablo solo del trauma que habían vivido con los demás y que tenían. Esos tipos habían hecho cosas muy graves y, a veces incluso atroces, pero era evidente que muchos de ellos también habían padecido mucho sufrimiento. Y no es por ser sentimentalista, es sólo para comprender y para humanizar la situación y para permitirnos comprender cómo llegaron allí, quiénes eran y cómo podemos evitar que otros sigan ese mismo camino. Creo que existe una responsabilidad colectiva por todos esos delitos: las personas no actúan de manera aislada.

 

Fue una experiencia alucinante, como actor y como persona. Muy pocos de nosotros tenemos la oportunidad de educarnos al respecto y de hacerlo sin ser parte interesada, sino de hacerlo simplemente con la intención de aprender. Creo que nuestra sociedad sería mucho más inteligente, más saludable, más segura y menos violenta si cada legislador de nuestro país hiciera lo que hice yo y pasara seis semanas, 13 horas al día, adentro de una cárcel.