Cumbre del G20 de Seúl inicia sin acuerdo sobre la guerra de divisas

La quinta cumbre de líderes del G20 dio inicio en Seúl en medio de profundas diferencias sobre cómo afrontar la “guerra de divisas”, un conflicto que amenaza con quebrar la unidad que ha mostrado el grupo en los dos últimos años.

Los jefes de Estado y de Gobierno de los 20 países desarrollados y emergentes más representativos del planeta, así como los líderes de las principales instituciones multilaterales y de países invitados, como España, iniciaron el encuentro con una cena de trabajo, en la que el asunto de las divisas se situó como plato principal.

En los dos últimos días, los viceministros de Finanzas y los negociadores de cada país han mantenido reuniones maratonianas para tratar de lograr un consenso sobre qué pasos seguir en esta materia, de manera que quede sellado en el compromiso final que mañana, viernes, firmarán los mandatarios.

Pero de momento el acuerdo se ha mostrado esquivo. El portavoz de la cumbre Kim Yoon-kyung, reconoció ante la prensa que los negociadores no “han sido capaces ni de ponerse de acuerdo sobre a qué hora retomar las conversaciones”.

El conflicto es importante, porque los compromisos que adopten sobre cómo manejar las divisas pueden llegar a cambiar completamente la política económica de un país.

Estados Unidos acusa a China de frenar voluntariamente la cotización del yuan para hacer sus exportaciones más atractivas, y atribuye a esta situación la falta de empuje de las empresas estadounidenses.

China y otros países con superávit comercial, como Alemania, critican a EEUU por inundar de dólares la economía mundial, después del anuncio de la Reserva Federal estadounidense (FED) de una expansión monetaria de 600.000 millones de dólares.

Otros países emergentes, como Brasil, se encuentran en medio de la pelea.

Por un lado consideran que China les está obligando a devaluar para no perder competitividad.

Por otro, acusan a las naciones desarrolladas como EEUU por sus bajos tipos de interés, que hace que los flujos de capital se refugien en naciones que ofrecen rendimientos mayores, como los emergentes, con el consiguiente peligro de que se creen burbujas especulativas y se dispare la cotización de sus monedas.

Las acusaciones cruzadas entre los países se han intensificado en los últimos días, lo que hace todavía más difícil que se pueda llegar a un acuerdo.

No obstante, los líderes han mostrado su determinación en alcanzar un acuerdo en las próximas horas, aunque sea de mínimos.

Una de las posibilidades sobre la mesa era que, para evitar susceptibilidades, se evitará mencionar la “devaluación” de las monedas, y se utilizase en su defecto el término “infravaloración”.

Otra de las posibilidades es que el Grupo se dé un plazo de seis meses para resolver el problema, antes de la próxima cumbre, que se celebrará en Francia a mediados del 2012, según informa la agencia oficial surcoreana Yonhap.

Con la llegada del consenso, el G20 -el grupo que se catapultó al estrellato tras la crisis financiera del 2008- evitaría dar una imagen de ruptura, lo que dañaría su papel de foro económico mundial.

Otro de los acuerdos importantes afecta al sistema bancario, pues el G20 pretende obligar a la banca a aumentar la solidez de su capital, y a vigilar más estrechamente a las entidades que son tan grandes que su quiebra desestabilizaría el sistema financiero.

Se espera que en el comunicado, los países del G20 den su pleno apoyo a la declaración que adoptaron los ministros de Economía en la reunión de hace unas semanas en Gyeongju, también en Corea del Sur, en la que se acordó mitigar las desigualdades comerciales y por cuenta corriente que hay entre las naciones emergentes y las más desarrolladas.

En las negociaciones preliminares, Estados Unidos trató de que se impusiera un límite del 4 por ciento en el déficit o superávit que un país puede registrar en su balanza de pagos, aunque está propuesta generó una oposición generalizada.