Miles de salvadoreños con mucho fervor participaron en tradicional “Bajada”

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El acto como siempre se desarrolló frente al atrio de la catedral de San Salvador.

La máxima celebración en honor al patrono de El Salvador “El Divino Salvador del Mundo” es la tradicional transfiguración o “la bajada”, como popularmente es conocida y la cual año tras año atrae a miles de feligreses a las afueras de la catedral metropolitana, para conmemorar la transfiguración de Jesucristo en el monte Tabor.

Miles de salvadoreños se hicieron presentes al atrio de catedral para rezar un rosario a la Virgen María, mientras esperaban pacientemente la procesión que partió de la iglesia el calvario con la imagen de Jesucristo “Salvador del Mundo”.

Una orquesta, ventas ambulantes y seguridad policial acompañaron la celebración, combinándose con el fervor, la fe y la esperanza de los asistentes, esto tras soportar tanto el sol, como la lluvia que caracterizó el día, ya que muchos se encontraban en la dulce espera desde tempranas horas para estar en primera fila a la hora de la transfiguración.

Llega Jesús

Eran las 6:00 pm cuando finalmente la imagen del Divino Salvador del Mundo llegó a la catedral, la alegría se reflejaba en los rostros de las personas y en el sinfín de explosiones de los tradicionales cohetes de vara que hicieron eco en las calles de San Salvador, anunciando que el momento esperado estaba cerca.

El Arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar Alas, durante la homilía de la misa instó a los salvadoreños asistentes a que se unieran a los esfuerzos del gobierno para combatir todas las crisis que nuestro país padece, incluyendo las dificultades políticas de hoy en día. Luego agregó: “Pedimos en especial al Divino Salvador del Mundo para que ilumine a los líderes de nuestra nación y a todos los salvadoreños para que nos dejemos conducir por el mismo por el sendero de la caridad, la justicia y la paz construyendo una sociedad mejor para todos”, agregó.

Luego de la misa, “la bajada” en el que se presentó el cambio de vestiduras conmocionó a los espectadores, quienes en su mayoría tienen por tradición asistir todos los años. Y es que al igual que en la narración bíblica, la túnica blanca del Salvador irradiaba con una blancura que sólo podía provenir de los cielos, dando así a los salvadoreños una luz en medio de la oscuridad.

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