Cristina Fernández despide a su marido en la Casa Rosada

La capilla ardiente de Néstor Kirchner se ha instalado en la sede de la presidencia argentina

Triste aunque por momentos sonriente, entera y con gesto agradecido, así se ha mostrado la presidenta argentina Cristina Fernández en el velatorio de su esposo, el ex mandatario Néstor Kirchner, en la Casa Rosada, ante los miles de asistentes que circulan para despedir al líder del Partido Justicialista, fallecido ayer repentinamente de un infarto masivo a los 60 años.

La jefa de estado irrumpió en la capilla ardiente escoltada por su madre y sus dos hijos, Máximo y Florencia. Fue su primera aparición pública después del fallecimiento. Se paró junto al féretro cerrado y allí permaneció en un clima de silencio solemne de ministros, gobernadores y otros dirigentes que la acompañan. Cuando una persona del público lanzó un grito de apoyo se quebró apenas, apoyó la cabeza en el hombro de su hija, y enseguida se recompuso otra vez.

Sólo se desplazó de su lugar junto al ataúd para fundirse en un abrazo sentido con la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, y con la titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini. En cambio, fue más fría con el secretario general de la Confederación General del Trabajo, Hugo Moyano.

Para el velatorio, que se prolongará hasta el sábado, llegaron a Buenos Aires el presidente de Bolivia, Evo Morales, su par de Ecuador, Rafael Correa, luego el uruguayo José Mujica y el chileno Sebastián Piñera. Todos manifestaron su admiración por Kirchner, que era secretario general de la Unión Sudamericana de Naciones, y expresaron su solidaridad con la presidenta. Se espera además en las próximas horas la visita de los mandatarios de Brasil, Colombia, Paraguay y Venezuela.

Entretanto, son miles las personas que aguardan para entrar a la sede de la presidencia a dejar su último adiós a Kirchner y manifestar su apoyo a la presidenta. El público circula apenas segundos por delante del féretro, en algunos casos cantan o gritan sus consignas. Algunas mujeres y jóvenes lloran con gran congoja.