Congreso de Brasil abre puertas con mayoría y retos para Dilma Rousseff

El Parlamento brasileño inauguró la nueva legislatura tras las elecciones generales de 2010, con una amplia mayoría de apoyo para la presidenta Dilma Rousseff, pero también una buena dosis de proyectos polémicos que pondrán a prueba su liderazgo.

La jefa del ejecutivo cuenta con el apoyo de más de 75% de los 513 diputados y de los 81 senadores. Eso es más que lo que consiguió su popular antecesor, el presidente Luiz Inacio Lula da Silva, en sus dos mandatos de 2003 a 2010.

“La bancada del gobierno -con diez partidos en la coalición oficial y otros que han sumado su apoyo- es muy grande, pero también heterogénea y eso significa que el gobierno no tendrá el voto asegurado en los asuntos más polémicos”, advirtió el analista de MCM consultores Ricardo Ribeiro.

Rousseff tendrá que conciliar los encontrados intereses ideológicos de sus parlamentarios y “enfrentará una disputa de poder de los dos grandes partidos de la coalición, el de los Trabajadores (PT, izquierda) y el de Movimiento Democrático (PMDB, centro)”, dijo Ribeiro a la AFP.

El ex mandatario José Sarney, del PMDB, fue electo presidente del Senado con el apoyo de 70 de los 81 senadores. En la Cámara, el favorito era el diputado Marco Maia, del PT, aunque síntoma de la heterogeneidad de la alianza gubernamental, competía con el diputado aliado Sandro Mabel.

El Parlamento hereda proyectos polémicos y la primera batalla que puede perder la presidenta Rousseff será la definición del salario mínimo, que los parlamentarios amenazan con elevar los 545 reales (unos 325 dólares) propuestos por un Ejecutivo empeñado en cortar gastos.

Otras “patatas calientes” en el Congreso son la reducción de la jornada trabajo de 44 a 40 horas semanales, que puede prender fuego a la relación del gobierno con empresarios y sindicatos; la creación de una “Comisión de la Verdad” que pase cuentas con la Dictadura; y la reforma de la ley de bosques, que amenaza ser un retroceso para el medio ambiente en favor del gigante sector agropecuario.

“El gobierno de Rousseff ha dado señal de que está apostando más al consenso que a crear polémica” en sus relaciones con el Congreso, estimó Ribeiro. Eso puede dar al traste con las grandes reformas legislativas pendientes desde hace más de diez años: la política, la tributaria y la de pensiones.

“El momento es muy favorable al gobierno pero todo puede empeorar si la Presidencia no es capaz de definir, con mucha dosis de osadía, sus prioridades legislativas para los próximos cuatro años”, declaró por su parte Sylvio Costa, director del sitio especializado Congresso em Foco.

La primera sesión solemne del Congreso está prevista para la tarde del miércoles, a la que asistirán algunas celebridades elegidas como diputados, como el payaso Tiririca -humorista que ganó su banca con más de un millón de votos- y el futbolista Romario.

El congreso enfrentará sus propios fantasmas, el primero la credibilidad ante la opinión pública, tras cerrar la legislatura anterior acosado por denuncias de corrupción y abuso del dinero público.

En este sentido, el sitio informativo G1 destacó que 59 diputados (más de 10%) tienen acciones penales pendientes.

Otro gran desafío es para los debilitados opositores que perdieron espacio en las pasadas elecciones. “Tenemos que calificar a la oposición o seremos masacrados”, dijo el líder del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) Aecio Neves, considerado un posible presidenciable en 2014.