Cómo la peor película de la historia puede convertirse en un clásico del cine

Empecemos por el principio. Año 2003. Se estrena una cinta de bajo presupuesto producida, escrita, dirigida y protagonizada por un tal Tommy Wiseau. Se titula The Room. Y hay una realidad inobjetable: la película es mala. Indecente. Indigna del séptimo arte. Atroz. Esperpéntica. Un horror. Celuloide malgastado. La peor cinta de la Historia del cine… que se convierte en título de culto.

Tal cual. La película acaba triunfando gracias al boca-oreja de años y años. Ahora incluso se organizan tours mundiales para su proyección y tiene página web. Quienes asisten van con un runrún en la cabeza (“¿tan terrible es?”) y se encuentran una hora y 39 minutos de esto.

Tommy Wiseau se dedica a ir festival por festival de cine cutre presentando The Room. Es un fenómeno clandestino, extrañísimo: la película recaudó solo 12 mil 450 dólares su primer fin de semana. Se sabe que su presupuesto fue de seis millones, algo que nadie entiende. Ahora lleva en sus arcas más de 10.

Durante los seis meses que duró el rodaje, dos directores de fotografía (y sus equipos) renunciaron y tres actores fueron reemplazados por roles totalmente diferentes, hay escenas enteras que están desenfocadas y nadie se dio cuenta, el segundo acto completo de la cinta no interviene en la trama, se construyeron sets para secuencias que perfectamente se podían filmar al aire libre… Incluso se usó CGI y pantallas verdes en una producción mayoritariamente de interiores.