“Necesitamos crear un país de oportunidades. Necesitamos poner las bases para aspirar a ser algún día primer mundo” (Fernando Poma)

Fernando Poma es un empresario joven y exitoso que a pesar de venir de una familia exitosa en todos los rubros el mantiene ese carisma con mucho respeto y valor por las personas sin importar su posición social y económica y ante todo con un amor grande por su país El Salvador

Para conocer más de Fernando Poma transcribimos la entrevista que brindo a LPG

“Necesitamos crear un país de oportunidades”

Fernando Poma es el vicepresidente de Real Hotels & Resorts, una compañía con inversiones en Centro y Sudamérica. También forma parte de la familia Poma, propietaria del grupo del mismo nombre, reconocida por su presencia en diferentes rubros económicos, principalmente en el área de bienes raíces. Forma parte de una nueva generación de empresarios que ve con más esperanza el futuro del país, sin dejar de señalar los aspectos que, a su juicio, requieren atención inmediata para que la paz, firmada hace 25 años, sea algo palpable. Los esfuerzos para el crecimiento económico, seguridad jurídica y ciudadana, generación de empleo y desarrollo más inclusivo deben apuntar, en su opinión, a que El Salvador sea un país del que la gente no quiera irse, sino más bien, al que aspire llegar.

A 25 años de la firma de los Acuerdos de Paz, ¿cree que el país va en el rumbo correcto?

Mi papá dice con frecuencia que los factores más importantes para el éxito de una organización son visión y gente. Con visión se refiere a dirección estratégica, a saber dónde enfocar los recursos. Con gente se refiere a tener las personas más capaces para hacer el trabajo requerido por la visión.

Generalmente, la mejor gente es aquella que además de capacidad, energía e integridad tiene experiencia amplia en el rubro específico que se requiere trabajar para poder lograr la visión. La visión se decide en un par de días, con modificaciones leves en el camino, pero la gente ejecuta los otros 350 días del año.

En el país, la discusión entre ciudadanos casi siempre se centra puramente en el aspecto de visión o ideología y no en la capacidad del equipo elegido, como que si la ideología elegida fuese a ser implementada a la perfección. Sabemos, por experiencia, que ese no es el caso. Además, con frecuencia, elegimos la visión equivocada, buscando un cambio, sea el que sea. Es evidente, por ejemplo, que aspirar al modelo de un país como Venezuela, con decrecimiento económico de 8 %, inflación del 480 % y desempleo del 17 %, no es lógico.

En lo que no nos enfocamos suficiente es en el factor gente. Esto es especialmente importante al darnos cuenta de que aun con distintas ideologías, siempre hay espacios comunes, en nuestro país, empleo y seguridad son ejemplos. Y en estos espacios comunes que son los ejes principales de cualquier gobierno en nuestro país, no consideramos suficientemente la idoneidad del equipo de gente que se requiere para lograr esos objetivos. Esperamos con frecuencia que personas con experiencia en un área logren ser exitosas en algo no relacionado.

Un colaborador en una estación de radio o televisión o una persona que ha dedicado su vida a luchar en una guerra civil, por ejemplo, no puede volver el país competitivo para atraer inversión y cientos de miles de empleos. No es, necesariamente, que no quiera. Es que no sabe cómo. Nunca ha previamente generado un puesto de trabajo.

¿Qué es lo que necesitamos, entonces?

Necesitamos crear un país de oportunidades. Necesitamos poner las bases para aspirar a ser algún día primer mundo, un país donde las personas no quieran emigrar sino inmigrar. Para eso requerimos crecimiento económico sostenible y los mecanismos para que el beneficio le llegue a todo ciudadano, sobre todo a personas de escasos recursos. Necesitamos convertirnos en el país más atractivo para la inversión en relación con otros países con los que competimos. Requerimos generar confianza. Y para todo esto, necesitamos líderes que tengan la visión correcta y amplia experiencia en lo que se requiere, y capacidad para formar el mejor equipo de gente.

¿Cuál sería el mejor modelo de gobierno?

Un gobierno democrático basado en el concepto de libertad. Es un sistema de gobierno pequeño, enfocado en servir y no en ser servido. Este modelo está compuesto de representantes electos del pueblo; son los ciudadanos los que mantienen la supremacía y, periódicamente, votan para mantener o cambiar a sus representantes. Este tipo de gobierno aspira a reducir el gasto público, logrando contar con más recursos para inversión en programas sociales, infraestructura y otras iniciativas importantes. En la historia, se ha comprobado que este tipo de modelo democrático ha sido el de mayor éxito. Esto es evidente y podemos observarlo en casos comparativos como los de Alemania del Este y Alemania del Oeste, así como el de Corea del Norte y Corea del Sur. Además, ha sido representado por la inevitable apertura de la ex Unión Soviética durante la Guerra Fría. Es impresionante ver cuántos cubanos han arriesgado sus vidas en balsas artesanales rumbo a Estados Unidos. No he logrado encontrar datos sobre el caso inverso: ciudadanos de Estados Unidos arriesgando sus vidas para llegar a Cuba para vivir allí de manera ilegal.

¿Cuál cree que es su responsabilidad como empresario para aportar a la mejoría de la situación del país?

Como grupo empresarial, nuestra prioridad siempre ha sido El Salvador y nuestro deseo es seguir creciendo en este país. Es donde nacimos y donde vivimos. Tratamos de ser empleadores muy responsables y cuidamos a nuestra gente. Sin embargo, dado que tenemos un enfoque estratégico bien definido en cuatro divisiones operativas, y no siempre hay oportunidades de crecimiento en estos rubros de negocios, hemos crecido fuera de las fronteras, más en las últimas dos décadas.

Actualmente, desarrollamos y operamos proyectos en 10 países. A través de esta experiencia, hoy en día comprendemos qué factores hacen un país más o menos atractivo para la inversión que otro. Esto no es un entendimiento puramente teórico sino experiencial. Vemos cómo estos factores impactan las empresas y, con base en muchos de ellos, decidimos invertir en un lugar versus otro.

Como empresarios, además de seguir aportando a nuestro país a través de nuestras empresas y organizaciones sin fines de lucro, podemos transmitir al gobierno cuáles son las políticas y leyes que necesitan tener para volver el país más competitivo para generar mayor inversión y con eso, mayor empleo y recaudación fiscal. Como dije anteriormente, lo más importante es la generación de oportunidades y eso se logra a través de la inversión. Para esto, la voluntad gubernamental es necesaria.


Habla sobre competitividad, leyes, y enfocar distintas áreas, todo para generar oportunidades. ¿Cuál debe ser la fórmula?

Como país aspiremos a ser competitivos y comprendamos que la inversión no tiene fronteras, que realizarla en un país específico es relativamente similar a hacerlo en otro. Si realmente deseamos crecer y generar los beneficios y oportunidades que ello conlleva, debemos poder contestar preguntas como las siguientes: ¿Por qué va a venir alguien a invertir en este país versus hacerlo en otros de Centro y Suramérica? ¿Qué nos diferencia de los demás de manera positiva? ¿Son nuestras leyes más competitivas? ¿Estamos creando un ambiente donde se encuentran oportunidades rentables? ¿Estamos promoviendo la confianza, la certeza y la predictibilidad requerida? ¿Ha establecido el gobierno un rumbo claro y definido para el país? ¿Lo ha comunicado adecuadamente a todos sus ciudadanos? ¿Estamos trabajando para “despartidizar” nuestras instituciones, fortalecer nuestro Estado de derecho y asegurar que se cumplan las leyes? ¿Tenemos la cultura adecuada, una cultura que promueve la rendición de cuentas, rechaza la corrupción y la falta de transparencia, y que exige que nuestros representantes en el gobierno tomen decisiones con integridad, capacidad y un verdadero compromiso de servir? ¿Contamos con los mecanismos que nos da la democracia para que personas que no cumplan adecuadamente sus funciones puedan ser reemplazadas por los ciudadanos a quienes representan? Y finalmente, ¿tenemos una cultura que celebra el éxito? Todo esto requiere de verdadera voluntad política.

Ha habido bastante discusión sobre el tema impositivo. ¿Cuál, en su opinión, sería una política correcta en esta área?

Un gobierno debe poder subsistir a largo plazo, y pagar sus gastos y deuda, con los ingresos que recauda. El modelo impositivo debe ser creado de tal manera que logre un balance entre una recaudación adecuada y la promoción de un ambiente atractivo para el fomento del crecimiento económico. Es cuando se carece de este crecimiento y además, la recaudación fiscal no alcanza para cubrir los gastos del Estado (déficit fiscal), que entramos en el peor de los mundos. En esos momentos, el gobierno tiene tres opciones: subir impuestos, haciendo el país menos competitivo y estancando aún más su economía; incrementar la deuda pública; o entrar en un proceso real de austeridad. De estas tres opciones, la única que no agrava el problema es la última, un plan de reducción de gastos y de búsqueda de mayor eficiencia. Sorprendentemente, muchos gobiernos hacen precisamente lo contrario.

Es una peligrosa miopía creer que el crecimiento económico se genera, no a través de mayor competitividad, sino simplemente elevando el gasto corriente del país. Esto, más bien, agudiza nuestro problema financiero y limita los excedentes de fondos necesarios para inversión en iniciativas productivas o en programas sociales.

Entonces, según usted, el primer paso es promover el crecimiento económico sostenible.

El beneficio tiene que llegarle a todo ciudadano. Yo no creo en la teoría del rebalse. Esta teoría, de manera simple, apunta a que si hay crecimiento económico, eso eventualmente le llegará a los que están marginados de los frutos del desarrollo. Esto no es cierto y se puede observar en muchos países donde el crecimiento ha tardado décadas en afectar positivamente a muchos segmentos de la población. Necesitamos programas sociales, infraestructura, mayores oportunidades y mecanismos, para que el crecimiento económico impulse un verdadero e incluyente desarrollo económico-social.

¿Cuáles diría que son las instituciones que mejor funcionan en el país?

Prefiero no mencionar ejemplos específicos, pero sí decir que las únicas que funcionan son las que están haciendo su trabajo de manera independiente de tintes partidarios. Necesitamos instituciones independientes al servicio de solamente los ciudadanos del país. De eso depende, en gran medida, nuestra frágil democracia.

El sistema de justicia debe funcionar bien, regirse exclusivamente por leyes y su aplicación debe ser pareja para todos, sin preferencias. En países realmente exitosos, el criminal paga sus penas, pero es inocente hasta haber sido comprobado culpable. No hay excepciones a la regla. Habiendo dicho eso, en países exitosos, la justicia se aplica con base en pruebas e investigaciones serias, nunca con base en especulaciones o chismes.

Usted forma parte de una nueva generación de empresarios. ¿Cuáles deberían ser, desde su perspectiva, los temas de la nueva agenda de país?

Falta establecer un rumbo de país consensuado entre los actores políticos, académicos y económicos del país; un verdadero acuerdo de nación que permita que El Salvador avance, sin ideologías que lo entorpezcan y que ponga como única meta el desarrollo económico y social de todos los salvadoreños. Dicho acuerdo debería incluir: visión de país, políticas y leyes que fomenten la inversión, fortalecimiento institucional y democrático, política integral en materia de seguridad, educación de calidad. Orden en las finanzas del Estado.

El país firmó la paz armada, pero no se ha logrado concretar la paz social, que va mucho más allá. La polarización y confrontación constante entre actores políticos, y medidas poco transparentes (como la “partidización” de instituciones), no han permitido que se dicten las medidas necesarias para avanzar en el desarrollo económico y social que tanto anhelamos.

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